martes, 11 de marzo de 2025

ROMANCE HEROICO A UN CRETINO CON MÓVIL EN RISTRE QUE HUMILLÓ AL SILENCIO EN LA SIERRA DE LA VIDA, ENTRE LAREDO Y LIENDO, UN LUNES POR LA MAÑANA.

 


Quisiera hoy pobre bruto cantarte
un romance mecido en mi vihuela.
Sea en verso mayor, tú lo mereces,
cardo feliz, aborto de la tierra.

Era lunes y marzo en sus principios,
y a punto de estallar la primavera.
Se ocultaba el silencio entre las sombras
Tras tanta barbacoa dominguera.

Pero al final, yo anduve de puntillas,
y él bien captó que amaba su belleza,
sacerdote de túnica escarlata,
gris o marrón, a juego con la tierra.

Estallará la Sierra en mil silencios,
y la Vida regalará su arenga:
aves que se persiguen por los cielos,
coros son mil, bandadas pajareras.

El cuadro silencioso de la vida
el gran Buciero en la distancia observa,
y el árgoma de flores amarillas
llena lomas e invade las laderas.

El horizonte fabricando al viento,
y en el añil perdida está una vela,
surrealista toque, pincel fino,
contraste blanco, carne de galerna.

Las yemas tímidas, tan vergonzosas,
pregonan al final la primavera,
y en los barrancos, lascas del pasado,
grandiosos buitres leonados vuelan.
Hasta el Candina, señor de las cumbreras,
con blancas nubes juega a las cometas.

Mas al fondo sinuosa ya se escucha
tu negra y mas que oscura furgoneta.
Vienes a reposar tus noches y tus días,
a que la calma relaje tu cabeza,
pues entre ruidos, rayitas y jaranas,
dos noches habrás, gañán, pasado en vela,
y precisas hoy de un silencio puro
por defecar tu sangre cloaquera.

Ya en el mirador, sacas tu cerebro,
medida plana de tu inteligencia
y a voz en grito hablas con esa amada
que está muy lejos, quieres que te entienda.

Por qué naciste, dime tonto mío.
Por qué descansaremos en la misma tierra.
Espero que apaguen el móvil en tu entierro,
zanguango inútil, sangre de cerveza.

Y que al abismo caigas en silencio,
humanoide, animal, allá te veas,
y que el dios de la nada te devore
como devorado ha tu inteligencia.

Lamentable es que con tu ruido odioso
también has arruinado este poema
que se inició con metáforas gloriosas
y termina aquí, cargado de cadenas.

¡Oh mar, oh buitres, oh fugaz misterio
de la Sierra de la Vida que te alejas!
Mañana volveré y en silencio cantando
recorreré mañana tus almenas.

Mañana, cuando despunte silenciosa,
orgullosa y sutil tu primavera,
sin necios devoradores de palabras.
Te adoraré sin voz, Madre Cantabria, 
a tumba abierta. 




¿POR QUÉ LLEGÓ LA HORA DE LA PROSA POÉTICA CÁNTABRA?

 Hace ya treinta y cinco años, más o menos, un joven arqueólogo llegó a nuestras montañas desde Francia con su doctorado bajo el brazo y grandes ideas relacionadas con la arqueología de la guerra: era posible rastrear el pasado a vista de águila como punto de partida. Se rodeó de entusiastas alevines de arqueólogos y pronto descubrieron grandes yacimientos. El primero, o el más sonado, fue el de La Espina del Gállego. También demostraron dónde estaba el cordal por el que penetraron las legiones de Augusto: el Escudo.



Luego, por décadas incansables, el arqueólogo fue peinando canas mientras, piqueta en ristre, persistió en el descubrimiento de campamentos romanos y de castros, al tiempo que sus discípulos se diseminaron por los valles del Solar Cántabro en busca de los tesoros escondidos en las cumbres, y pronto todo el mapa de la Vieja Cantabria se iluminó de luces y banderolas, de ubicaciones y hallazgos.

Eran todos ellos arqueólogos libres, no atados a institución alguna y eso los condenó al ostracismo, tanto a los descubridores como a lo descubierto. Fueron temidos, sobre todo el artífice, uñas desgastadas por el trabajo de campo, el cual cobró su peso en odio, no se sabe por qué, quizá porque sus descubrimientos suponían un vuelco que denunciaba el conformismo investigador de muchos.

                Lo cierto fue que el mensaje de los científicos caló en la población y el rechazo a sus teorías se convirtió en su contrario a nivel popular, en una dialéctica que desde siempre se repite, aunque el triunfo final de toda una arqueología que pone patas arriba la versión oficial tendrá que esperar a que desaparezcan físicamente los revolucionarios investigadores, en especial la cabeza de la hidra. Quizá todos ellos deban asumir que su  futuro, como personajes épicos, sea llegar al Sid —las almas en los picos de los buitres leonados del Candina, hogar de Candamo— para reencarnarse en cuerpos nuevos y surcar los aires junto a Lucobos durante la Gran Cabalgada.

                Y, como a nivel popular —pues el pueblo es el primer beneficiario de su patrimonio— se forma ya la costra de las enseñanzas que una arqueología y una historiografía revolucionarias han dibujado, le llegó su momento a la épica, al mundo de la epopeya y de la poesía heroica: se hace preciso que los poetas ciegos de Cantabria canten en las plazas sus hexámetros.

                Aparece la épica en momentos de la máxima inanición moral y ética de los pueblos que componen el Solar Cántabro (Asturias, Cantabria y Castilla  León). Unos tiempos en los que impera el miedo fomentado y constante, la conciencia de grupo se diluye en la más letal de las globalizaciones y el pensamiento único ilumina el interior de los cerebros con luces de móviles, likes y horas y horas de ausencia diaria, de absentismo de la inteligencia. En este instante crucial, nace la épica, la epopeya cántabra.

                Con ella, la literatura viene en apoyo de una arqueología que hace hablar a las piedras más alto que las fuentes históricas, caso inaudito. Por eso, el héroe de «Cantábrica» no es el viejo trafulcado líder, el bandido al que se refirió el romano, Corocotta, el jefe viejo que sustituye al pueblo necesitado de pastores, sino otro que representa a su fuerza y autonomía, que es su pueblo mismo personificado, Coronoego, el jefe joven. Por eso el nuevo Olíndico que patea paso a paso los viejos castros que la ficción reconstruye, y que predica el levantamiento frente a la sumisión, Turo, sabe que ha llegado el fin de su pueblo y, pese a ello, anima a preparar la guerra, de la misma forma que los dioses advierten en sueños a Coronoego y le confían el futuro de Oscuridad y sombras. Ambos asumen su misión a sabiendas del trágico fin que los espera, y han sido avisados de que serán los impostores quienes tengan estatua, finalmente, en el Sardinero.

                La arqueología hace hablar a las piedras. La epopeya busca conmover poéticamente a los hombres que el sistema predispone a la esclavitud. Ambas se compenetran, sobre todo cuando la labor de los arqueólogos free lance es, ya en sí, una grandiosa epopeya. ¡No importa!, les dice la literatura épica, ¡ánimo!, ¡mañana  

lunes, 10 de marzo de 2025

LOS TRECE DIOSES CÁNTABROS

 

A la hora de construir una hipotética mitología de Cantabria, ha de tenerse en cuenta que la arqueología y la historiografía sólo nos ofrecen la siguiente relación escuálida de dioses cántabros, los contantes y sonantes, además sin funciones claras y definidas:

1.- Un primer dios sería LUCOBOS, cuya referencia aparece en el ara de Peña Amaya. Según esa misma inscripción esta deidad sería dios de dioses, lo que le haría coincidir con el Lug céltico.

2.- La segunda deidad sería DEVA, madre de los dioses, que consta en un ara de Monte Cildá.

3.- La tercera, CABUNIÉGINO, también de Monte Cildá, quien quizá por ciertos parecidos fónicos con el Caburus continental, y este con el término cobir que en irlandés significa auxilio, podría ser un dios sanador.

4.- La cuarta, CANDAMO, de Monte Cildá también, hace referencia a un Júpiter Candamo, lo que indica que este dios cántabro equivalía al Zeus-Júpiter grecorromano, con sus funciones de dios celeste, dueño del rayo.

5.- La quinta deidad es EPONA, que aparece referenciada en un ara de Monte Bernorio, como Epane y sí posee funciones definidas: la protección de los caballos y de los animales, la sanadora y la provisoria, pues esta diosa céltica fue integrada como tal en el panteón romano.

6.- El sexto es OBELÉGINO, del que tenemos referencia por constar en un ara procedente de Olmos de Ojeda, en el valle de Santullán. Quizá podría estar relacionado con el Belenos galo y tener, como este, funciones artesanas, aparte de ser símbolo del sol.

7.- El séptimo sería ERUDINO, del ara hallada en el monte Dobra, que podría tratarse de un dios de la guerra, dada su relación con la raíz rud, rojo, color de la sangre.

8.- ATAECINA sería la octava, según el ara encontrada en la Cueva del Valle, en Rasines, deidad que tendría una encarnadura en el mundo de la Oscuridad, por haber sido hallada en las inmediaciones de una profunda caverna.

9.- La novena, MADRE CANTABRIA, del ara de Topusko, hoy desaparecida. Se trataría de una diosa vinculada a la tierra, una deificación de la misma.

Aparte de estos nueve dioses, tendríamos otras tres deidades documentadas:

10.- El NEPTUNO-NIÑO, según la pequeña imagen encontrada en el monte del Cueto, en Castro Urdiales, territorio no cántabro sino autrigón, de la que ni siquiera tenemos nombre, pero sí funciones definidas equiparables a las del Poseidón-Neptuno grecorromano.

11.- SALUS UMERITANA, diosa de las aguas, sanadora, que aparece en la pátera de Otañes, y que mostraría una notable similitud con la diosa SALUS COVENTINA hallada en Northumberlan, Inglaterra.

12.- Por último, LA INNOMINADA, citada por Estrabón a la que se rendía culto bailando hasta el amanecer en las noches de luna llena, deidad de la que ni siquiera sabemos si era masculina o femenina, pero que se podría identificar con la luna.

A estos doce dioses, tendríamos que añadir uno:

13.- AIRÓN, dios de los pozos, de la Oscuridad y del inframundo.

Sobre este dios céltico, o quizá precéltico, que ha dejado amplio rastro en España, Portugal y Francia, ha elaborado un minucioso trabajo el profesor Alberto Lorrio Alvarado, de la Universidad de Alicante. Según este autor, las referencias topográficas al dios y su presencia en Celtiberia son abundantes, y siempre con vinculación a saltos de agua, pozos, cascadas, zonas oscuras, umbrías, acompañadas en el folclore por leyendas truculentas. En su obra —«El dios Airón y su supervivencia en el folclore y en la toponimia». Fundación Ortegalia-Instituto de Estudios Celtas. A Coruña 2007, pgs. 107 y ss)— incluye una minuciosa relación de los lugares en que aparece el dios Airón.

No cita a Cantabria, pero en «Cantábrica. La Gran Epopeya del Solar Cántabro», se introduce a Airón en el selecto círculo de los dioses documentados, por existir un Río Airón y un Pozo Airón en el municipio de Escalante. Este hecho constatable le será próximamente comunicado al profesor Lorrio, con un detallado informe documentado a partir de materiales de los archivos municipales y de la Confederación Hidrográfica, sobre este curioso topónimo menor de Cantabria, para que conste en sus mapas de presencia del dios Airón en tierras españolas en próximas publicaciones.

Estos son los trece dioses documentados en el Solar Cántabro. Bien poco es. No hay más que lo arriba reseñado y, como es lógico, los historiadores y los arqueólogos entienden, con buen criterio, que con tales mimbres —al menos por el momento— no se puede reconstruir una detallada mitología de los pueblos cántabros.

Pero, claro, una cosa es la ciencia y otra la literatura. Esta, como arte que es, se rige por los principios de La Fantástica, diferentes a los de La Lógica. Ni mejores ni peores, sólo diferentes. La Historia se mueve en un marco operativo, constatable, mientras que el arte literario lo hace en otro nivel, el no operativo, pues sus personajes no van a salir del papel, pero, precisamente esta cualidad de lo irreal en apariencia puede permitir romper ciertos moldes.

Por eso, con tan escasos datos, completados por los que ofrece la Mitología Comparada, la literatura puede intentar una reconstrucción detallada de la mitología Cántabra que se mueva en el ámbito de la ficción y que, sin embargo, no desentone con el escenario histórico en el que pretende moverse.

Pero, téngase siempre presente que el objetivo de La Fantástica no es mostrar la historia, sino una interpretación de ella basada en el estatuto ficcional y en los valores estéticos, con un objetivo final que trasciende a la historia misma y a la ficción. En La Púnica de Silio Itálico se pretendía ponderar a la familia Escipión en unos tiempos que su autor suponía de decadencia. En Cantábrica el objetivo es ponderar la heroicidad de un pueblo mítico, algo más que apropiado para los tiempos actuales, en los que impera la globalización mercantilista y el posmodernismo también decadente.

 


jueves, 6 de marzo de 2025

¿SANGRE CÁNTABRA? NO SÉ, NO SÉ...

 

Hablemos de porcentajes. ¿Qué tanto por ciento de sangre de los viejísimos cántabros corren por las venas de los cántabros actuales? Más bien escaso. No creo que se hayan realizado estudios genéticos en profundidad. He oído que en los pocos dirigidos por algunas universidades, noticias periodísticas de relumbrón aparte, las muestras han sido escasas y de fuera de Cantabria. Si no es así, que alguien me corrija.

En cualquier caso, es lo de menos. La base genética prerromana siempre estará presente, pues la Celtiberia —considerada en términos amplios—, agrupaba a muchos pueblos, entre ellos el cántabro, y los desplazamientos de población debieron de ser extremos en épocas antiguas, tardoantiguas y medievales. Incluso en la actualidad, los cántabros de origen vasco son legión en las villas marineras, y su llegada relativamente reciente.

En definitiva, que tenemos tanta sangre de los viejos cántabros como los sorianos de los arévacos, los sevillanos de los tartesios y, si me apuran, la misma que un ciudadano del Bronx neoyorquino de los indios iroqueses.

El parecido social es aún menor. ¿A quién se le ocurre comparar la sociedad que integra la actual Cantabria —digitalizada, consumista, envejecida y tirando a cobarde— con la fiereza de los habitantes del Solar Cántabro? ¿Comparar las peñas tomadoras de blanco con las cofradías guerreras celtíberas? ¿Hubo un tiempo mítico y heroico que fue destruido por la mala mano romana y que hemos de recuperar? ¿Nos podemos permitir lujos milenaristas? Sería contrario a la lógica más elemental, pero cada uno puede hacer el ridículo como le venga en gana.

El romano no sólo bajó a  cántabros y astures de los montes al llano, sino que desplazó poblaciones enteras, ese es el caso de los lugones, que terminaron en Las Médulas trabajando el oro del imperio. ¿Quiénes eran, por ejemplo, los ruccones, más cercanos en el tiempo a nosotros que los antiguos cántabros? Sigue siendo un misterio. Luego vinieron las repoblaciones medievales que mezclaron a los habitantes de la Celtiberia como los niños cuando manosean los colores de la plastilina hasta que terminan en una bola cromática indiferenciable.

¿SE DEDUCE DE LO ANTERIOR QUE HAY QUE IGNORAR UN PASADO GLORIOSO, Y QUE NO PODEMOS REIVINDICARLO COMO NUESTRO? ¡DE NINGUNA MANERA!

Hubo un pueblo en la antigüedad que se opuso a Roma en la tierra que hoy ocupamos, es cierto, y también lo es que en otras latitudes consta la bravura de pueblos que se opusieron a invasores poderosos como, por ejemplo, los apaches al colonialismo genocida anglosajón; y pueblos hay que en la actualidad luchan heroicamente frente a imperios tan codiciosos como Roma. La heroicidad es consustancial a la especie humana, como también lo es la desidia, el abandono y la cobardía.

Podríamos estudiar a los comanches, o inspirarnos en el mapa geopolítico actual si queremos admirar a héroes, sin duda, pero a los cántabros los tenemos aquí mismo y, ¡qué caramba!, nos sentimos sus hermanos teóricos. Aquí están los yacimientos arqueológicos de sus restos —pese a la reciente desgracia de Santibáñez de la Peña— y los montes que hoy vemos, aunque plagados de barbaridades urbanísticas y de atentados medioambientales, son los mismos que ellos defendieron.

En fin, que estamos legitimados para entusiasmarnos con el pasado glorioso de los antiguos habitantes de estas tierras. Por eso, «Cantábrica. La Gran Enciclopedia del Solar Cántabro» pretende glosar su heroicidad y sacar a la vida a los dioses antiguos que inspiraron a ese pueblo arcaico. Se trata de proporcionar un reconstituyente literario para los alicaídos cántabros actuales que, aunque con sentimientos de hojalata más que de hierro, amamos a esta tierra que es la misma que acogió a los indómitos.

martes, 4 de marzo de 2025

SOBRE EL SOLAR CÁNTABRO

 


Una de obviedades. Decir que “Cantabria” no es “Cantabria”, aunque confuso aparentemente, resulta el ABC porque una cosa es la realidad institucional de la Comunidad Autónoma de Cantabria y otra la Antigua Cantabria.  A esta es preferible llamarla el Solar Cántabro, el topos sobre el que se asentaron los diversos pueblos cántabros.  El término Solar hace referencia a estirpe, terruño, origen, ámbito geográfico. 

    El Solar Cántabro está integrado, pues, por territorios de las circunscripciones administrativas llamadas hoy: Principado de Asturias, Comunidad Autónoma de Cantabria y Comunidad de Castilla y León. Decir esto supone dejar sentado lo obvio, ¿no es cierto?, pero resulta por completo necesario porque la popularización del término SOLAR CÁNTABRO, en lugar de Cantabria, la Vieja Cantabria o la Cantabria Histórica, nos evitaría confusiones y, sobre todo, discusiones del género tonto.

    Cuando decimos que Panes perteneció al Solar Cántabro no se está poniendo en duda la sacrosanta asturianidad de Panes. Cuando decimos que Castro Urdiales no perteneció al Solar Cántabro sino al autrigón, no queremos tocar la inalienable cantabricidad actual de la villa marinera. Cuando afirmamos que Aguilar de Campoo estuvo integrada en el Solar Cántabro, esperemos que no se levante el Cid de su tumba; es una ciudad castellana y más que castellana, faltaría más. 

    Cuando hablamos del Solar Cántabro nos estamos remontando más de dos mil años en el tiempo, ahí es nada, casi cien generaciones atrás. Dentro de otros dos mil años, ¿qué será de España, o incluso de Europa, o incluso de EEUU y si se me apura del planeta Tierra?

    Resulta un concepto de perogrullo, pero hay que insistir en él porque el ser humano que tira a poco cultivado —no sé por qué extraño mecanismo neurológico— cuando se le pone delante una linde, una frontera, una línea en un mapa, se aplica en acotar, distinguir, diferenciar y discriminar. En otras palabras, que cuando hablamos del  pasado tan remoto al que se refieren las fuentes latinas cuando hacen alusión a los cántabros, estamos remontando las fronteras actuales en el río del tiempo, ¿se entenderá esto? La verdad, no es difícil.

    Conviene dejarlo claro porque las identidades salvajes son irracionales y deben prevenirse los comportamientos desquiciados de quienes padecen tales dolencias. Dicho en otras palabras, cuando a un tochu se le dibuja un lindero en el mapa, el lindero se acaba y el tochu sigue. Hay que evitarlo, ofendiditos míos. Panes es Asturias, ¡faltaría más!, pero está ubicada en el corazón del Solar Cántabro, que también es Asturias. En fin, quien no lo entienda, que haga palotes. Recomendables los cuadernos Rubio.


lunes, 3 de marzo de 2025

LA COVADA, UNA FAKE DE LA ANTIGÜEDAD

 

Extracto de «Cantábrica», tomo uno, «Céltica Cántabra», capítulo "Signos falsos de matriarcado", pg. 33. (De próxima publicación), Registro Propiuedad Intelectual nº  2024/5095.

https://cantabricajaviertazon.blogspot.com/

«La costumbre de la covada tiene su toque de falsa, de ser una fake de la antigüedad, una broma propiciada por los autores latinos. Estrabón escribía valiéndose de corresponsales. Nunca estuvo en el Cantábrico. De la misma forma, Diodoro Sículo, que citó la misma costumbre entre los corsos, y Apolonio el Rodio que sostuvo su existencia entre ciertas tribus del Ponto, también escribieron de oídas...

...Además, sabemos que las descripciones latinas del mundo bárbaro eran estereotipadas, repetitivas y nunca verificadas. Es probable que en el catálogo de actitudes bárbaras que justificaban la implantación de la superior cultura romana, los escritores latinos tuvieran —junto con datos sobre vestimenta, salvajismo general y costumbres primitivas— este comodín de la covada que sería utilizado aquí o allá como relleno descriptivo según conviniera....

...Luego, la noticia de tan aparatosa costumbre, contraria a la naturaleza de las cosas y a la lógica, se extendería entre los pueblos de Europa a causa del extrañamiento que generaría, e incluso pasaría a América, pues algunas etnias brasileñas según dicen, según se cuenta, según se afirma, la practicaban...

...En fin, nos preguntamos cómo una habladuría se ha convertido en una realidad mítica, ¿cómo es posible que tan extravagante acción de encamarse el padre dando alaridos de parturienta y el levantarse la mujer tras el parto a servirle haya cobrado carta de naturaleza?

Desde  la  época  de  Cristo  hasta  el  siglo  XVII,  todo  el  mundo  tenía  que haber sido medio idiota, tanto en España como en Francia en sus siglos cultos, pues  no  conocieron  tan  divertido  asunto  Marcial,  Quintiliano,  Séneca,  San Paulino,  San  Isidoro,  ni  Rodrigo  Jiménez  de  Rada,  que  era  vasco (Gárate Arriola 1975, 19).».

 


domingo, 2 de marzo de 2025

COROCOTTA COMO VILLANO


Pues sí, en Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro, el querido y amado Corocotta aparece muy de refilón y como el villano. ¿Romperá esto esquemas?, ¿generará repulsión?, ¿se me insultará por la calle? Espero que no, porque ello tiene una profunda explicación que se analiza con detalle en la parte llamada Céltica Cántabra.

 No es cuestión de entrar ahora en el controvertido asunto de si el personaje existió o no,  pero partimos de su existencia por razones de cohesión literaria.  Corocotta fue una forzada creación historiográfica que respondía a una exigencia social arraigada: la necesidad de un líder. ¿Pudo darse la rebelión celtibérica sin Olíndico, la lusitana sin Viriato, la gala sin Vercingetorix?, yo no podría decir ni que sí ni que no, pero estoy seguro de que la cántabra sí se habría producido igualmente sin Corocotta, lo que es un honor, un piropo de las fuentes latinas para este pueblo indómito, igual que sucedió con la rebelión de los hermanos astures y con la numantina. La fantástica presencia del héroe en la tienda de Augusto diciendo eso de “Aquí me tienes, César, vengo a cobrar la recompensa por mi cabeza” no es un invento casual, responde a la arraigada necesidad de nuestra cultura de que exista un líder carismático en toda rebelión que se precie, y el noble bandido hispánico es un mito recurrente en nuestra literatura.

Pero ese culto a la personalidad, en este caso personalidad más que discutible, hipotética y cogida por los pelos, es tomar la parte por el todo, al héroe por su pueblo. Y aquí me viene a la memoria la escena de La Vida de Bryan en la que el personaje asegura que el pueblo expectante no tiene por qué seguir a nadie, que debe bastarse a sí mismo.

Por otra parte, no es fácil de imaginar generosidad en Augusto, salvo que como dice Ángel Agudo Ocejo en su memorable obra “Augusto y Corocotta”, con la referencia a ese bandido de origen ilocalizable, se pretendiera equiparar la supuesta generosidad de Augusto con la también su puesta generosidad de otro pájaro de cuenta, Alejandro, poco dados ambos —crueles entre los crueles— a ponderar la heroicidad de sus enemigos. Es lo más probable que Corocotta fuera un “colaboracionista” que cobró por someter a su pueblo a Roma, dicho sea entre comillas, pues tal adjetivo es de dudosa aplicación en la Edad del Hierro.

Frente a Corocotta, el jefe viejo, se presenta a CORONOEGO, el jefe joven. Personaje ignorado por la Historia por no ser operativo, por tratarse de un ente ficcional, encargado de guiar a su pueblo pese a saber que la única recompensa que encontrará será la de la reencarnación en el Sid. Coronoego se disuelve en su pueblo, el auténtico héroe, mientras que Corocotta lo sustituye.  Y en tanto que héroe anónimo, subrayará la valentía de todos los cántabros, al contrario que el colaboracionista Corocotta, dicho sea con todos los respetos, con las máximas precauciones y sin el más mínimo ánimo de ofender, ¡faltaría más!




 

SUEÑOS SIBILINOS

T ambién en la historia de Roma existió un texto adivinatorio. Se trataba de los nueve libros compuestos por la Sibila de Cumas y ofrecidos...