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miércoles, 4 de junio de 2025

ATAECINA, DIOSA DE LA OSCURIDAD

 

 




Apareció la referencia a Ataecina en un ara votiva encontrada muy cerca de la Cueva del Silencio, en Rasines, también conocida como Cueva del Valle. En ella sólo constaba una letra, la “A”, y el estudioso Joaquín González Echegaray aseguró, en su famosa obra “Los Cántabros”, que era una evidente referencia a la diosa celtíbera y especialmente lusitana, Ataecina.

Eran curiosas estas dedicatorias hechas por los indígenas en latín, tras la conquista, pues simplificaban el texto, esquematizaban y creían que si ponían una “A”, como ellos entendían su significado,  siempre se comprendería.

         Era Ataecina una diosa de la Oscuridad. No en vano fue encontrada la lápida que a ella se refería en una cueva de Cantabria, y ya se sabe que las cavernas son la entrada al ultramundo. Es una diosa ctónica, de la tierra, de esas que fueron relegadas por los dioses luminosos  cuando los indoeuropeos llegaron con su carro, su patriarcado y sus guerras, aún no superadas. Tenía como compañera siempre a una cabra y su símbolo era el laurel.

Equivaldría a la diosa Perséfone de la mitología griega, a la Proserpina de la romana, y era esposa de Hades o de Plutón. En Cantábrica, el papel de Hades —o el de Belor irlandés— es cubierto por Airón, otro dios de la Oscuridad, constatable en la toponimia menor de Cantabria, pues en Escalante se cuenta con un pozo, un río y una cascada con esa denominación, un dios de las simas.

Como Perséfone, Ataecina sufrió con su consorte. A la griega la raptaron y se la llevaron a lo profundo, al reino de Hades. A la cántabra tampoco le dieron un buen trato, una buena vida. El tal Airón era tirando a bruto y no entendía de delicadezas amorosas. Ella concibió mucho monstruo, a los Gentiles que andando el tiempo constituirían el ejército de la Oscuridad, y fue así porque no quedaba encinta con gusto precisamente, sino violentada.

El señor de la Oscuridad era insaciable y debía de tener una ardiente espada en el lugar que ya se imaginan. Ella no quería, pero él tenía el espadón marcado en la frente y la perseguía por los escondidos recovecos de grutas y pasadizos subterráneos, hasta que un día, encomendándose Ataecina a Deva, quedó convertida en laurel en la entrada misma de la Cueva del Silencio, en Rasines, para desesperación del Oscuro que no pudo satisfacer su satiriasis sino con la corteza del árbol. El gran dios, escocido por las raspaduras del loreal tronco en sus partes blandiduras se percató de la jugarreta potenciada por Deva, que  encima era su madre, vio que contra la autoridad de la diosa creadora poco podía hacer, decidió olvidar a la esquiva Ataecina y se divirtió con otras diosas y mortales. Como consecuencia de este hecho, Ataecina se pasó al bando de la Luz y fue una fiera combatiente contra la Oscuridad.

Además, alumbró a varios dioses de la Luz, que nacieron en el interior de la cueva. Esos dioses fueron los tres trillizos: Candamo, Cosus y Erudino. Y lo hizo sin intervención de varón, pues su esposo ya la había abandonado, pero sí con su simiente. ¿Cómo pudo ser eso?

Recordemos que estaba convertida en laurel y los árboles tienen raíces, y por entre las raíces viven las hormigas y en el humus fresco suele conservarse de todo, ¿cierto?

Pues Airón, que vivía en una efervescencia sexual completa sin tener, en ocasiones, carne fresca para darle a su sable, hizo lo que terminó siendo pecado, pero mortal del todo y, con ayuda de su propia mano, derramó algo en el suelo, no sabría decir qué, que se mezcló con la tierra. Como todos saben, las hormiguitas son glotonas y llevaron esa sustancia blanquigelatinosa hasta el útero de madera de Ataecina, donde fueron gestados los dioses trillizos.

¿No se perciben en este relato metamitológico residuos de otros muchos?, ¿no recuerda a la creación del hombre por Prometeo?, ¿o a la persecución de Dafne por Apolo?, ¿no hay algo que parece tomado de la leyenda de los Dióscuros? Sin duda, no es escasa la relación porque “Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro” es un mosaico cantabrizado de mitemas indoeuropeos hermanados desde la noche de los tiempos.

¿Y quién dedicó el ara votiva a la diosa Ataecina?, ¿qué está escrito en la lápida?

Según Joaquín González Echegaray, en la inscripción (107 A de su apéndice 1, de “Los Cántabros”, 1997, pg. 225) consta: “Aulo Floro se preocupó de poner este altar a Ataecina”.

Este Aulo Floro, cántabro romanizado, es, en “Cantábrica”, el redactor de las “Metamorfosis Cántabras” por encargo de su mandante Galba —como Ovidio, que escribió bajo la mirada de Augusto— antes de que fuera nombrado emperador, como reconocimiento al Panteón Cántabro por el hallazgo de las doce hachas en un lago del territorio cántabro, presagio indudable de que el anciano Galba alcanzaría la púrpura imperial y sucedería a Nerón.

Sólo que, adelanto, terminó mal los dos, Galba y Aulo, porque a los druidas no les gustaba demasiado que se pusieran por escrito los mitos y las leyendas. Preferían ser ellos los administradores de la doctrina, muy propio de consumados sacerdotes y curas. En fin, siento no poder decir más.


miércoles, 26 de marzo de 2025

EL POZO AIRÓN DE ESCALANTE

 


EL POZO AIRÓN DE ESCALANTE

Fue muy agradable descubrir hace unos días que la investigadora Marina Gurruchaga había tratado recientemente el tema del Pozo Airón en un interesante artículo publicado en la revista FolKlore, de la Fundación Joaquín Díaz, bajo el título: «Tremeo, un pozo airón en la Marina de Cantabria» https://www.funjdiaz.net/folklore/07ficha.php?ID=5164&NUM=516.

En él sostiene que el mundo mágico que rodea el sorprendente paraje del Pozo Tremeo, en Polanco, se corresponde con el ambiente mítico propio de los diversos pozos, ríos y cascadas que con el nombre de Airón se reparten por toda España.

Airón sería un dios celta que se habría adorado en tierras de Celtiberia y la Galia, según los estudios de los profesores Lorrio Alvarado, de la Universidad de Alicante, y Salas Parrilla. Por eso, se podría decir que ese Pozo Tremeo es, de alguna manera, el equivalente en Cantabria de los pozos sagrados y míticos. En definitiva, que reúne el paraje todos los elementos para ser considerado un pozo Airón, salvo, claro está, en el nombre, aunque también Tremeo tiene, según esta autora muy interesantes significaciones.

Sin embargo, en la Marina de Cantabria SÍ QUE EXISTE un paraje denominado POZO AIRÓN.  Se encuentra en Rincón de Baranda, en Escalante. El riachuelo comienza en una cascada de gran belleza cuando lleva agua a la que en el lugar se llama EL SALTO DEL AGUA. A poco de nacer se sumerge, ya a la altura del camino vecinal, para volver a aparecer en un paraje que se llama POZO AIRÓN, donde el Ayuntamiento dispone de dispositivos de bombeo, pues de sus aguas se nutren los barrios circundantes. Se trata de unas instalaciones muy antiguas.  No es como el Tremeo, aunque quizá lo fuera en su tiempo, pero ha quedado en pie su denominación y su funcionalidad.

A partir de ahí, este arroyo se extiende por toda la llanada de Escalante hasta desembocar en la mar, en plena marisma. Es un río local que, según los tramos, tiene diversas denominaciones. En el primero, hasta la iglesia, se llama RÍO AIRÓN, en la iglesia toma el de Río Concejo y en su desembocadura Río Molino, aunque en los archivos municipales figura el conjunto como RÍO AIRÓN. 

No existe en su contorno cúmulo de leyendas luctuosas y oscuras, como en el caso del Pozo Tremeo, pues nadie se ha ahogado en sus inmediaciones. El único hecho reseñable en torno a él es que cerca de su nacimiento fue escondida la Virgen de la Cama cuando la villa fue invadida por las mesnadas corsarias del Arzobispo de Burdeos en el siglo XVII. En el folclore hay también una tonada popular, compuesta por Nobel Sámano, Salutación a Escalante, en donde aparece, al estribillo, este río. En cualquier caso, desde tiempo inmemorial se conocen estos parajes como AIRÓN (pozo o río), y está documentado como tal en los archivos administrativos del Ayuntamiento de Escalante y de la Confederación Hidrográfica. Los nuevos topógrafos, los de Google Maps, han dado en llamar al lugar Pozeirún, pero como Pozo Airón figura en todos los archivos y en la memoria del pueblo.

Recientemente, el Ayuntamiento de Escalante —regido por Francisco Sarabia, historiador local— ha realizado un informe técnico-histórico sobre este paraje tan nítido de la topografía menor de Cantabria y se lo ha remitido al Profesor Lorrio Alvarado de la Universidad de Alicante para que lo tenga en cuenta a la hora de reeditar su obra, de manera que figure Escalante en la cartografía de distribución geográfica de los diversos pozos, ríos y lagunas que llevan el nombre de Airón a lo largo de España, Portugal y Francia, en caso de que sean reeditados sus trabajos.  También ha enviado esos informes a la Universidad de Cantabria y a diversas instituciones regionales vinculadas con el folclore y la historia de la región, como ADIC y la Asociación Guerras Cántabras (Asesoría histórica, Lino Mantecón).

Airón es, pues, un dios céltico o precéltico, pues entre otros restos, se ha hallado un ara votiva a este deo Aironis en Uclés, en un paraje denominado Pozo Airón, según los profesores Lorrio Alvarado y Salas Parrilla. En Francia se han encontrado, incluso, restos de sacrificios humanos en cuevas del mismo nombre. Hasta una localidad gala recibe el nombre de Airón.

Estamos, pues, como he dicho en otro lugar, ante el decimotercer dios de la primitiva Cantabria, Airón, que, además, reúne todos los requisitos para deducir que su función en el panteón cántabro, fue la de señor de las tinieblas, de la Oscuridad.

Como es lógico, en «Cantábrica. La Gran Epopeya del Solar Cántabro», de próxima aparición en tres tomos —composición literaria y épica—, este dios Airón, señor de las grutas y de lo escondido, ocupará un lugar privilegiado al frente de las fuerzas oscuras, opuestas a las luminosas en la mitología dualista celta, de la que sin duda participarían los cántabros del Segundo Hierro.

Por supuesto, nos hemos ofrecido a la profesora Marina Gurruchaga para proporcionarle toda la información de que disponemos sobre el tema, pues es la persona adecuada para el estudio de este presunto dios Airón cántabro, como lo demuestra el documentado y exhaustivo artículo sobre el “Tremeo, un pozo airón en la Marina de Cantabria”.

 

 


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