domingo, 31 de agosto de 2025

EN LOS CORRALES SE MANIFESTARON LOS DIOSES

 


 

Fue un acto divertido. La presentación de "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro" se celebró en la Carpa de Protocolo de Las Guerras Cántabras el 29 de agosto de 2025. Javier Tazón hablaba por primera vez en público después de cinco años, el tiempo que le llevó escribir la obra llamada a revolucionar la mitología de Cantabria.

         Tras las típicas incidencias con los artilugios audiovisuales, que si falta el puerto de no sé qué, que si el mando no tiene pilas, que a ver cómo nos manejamos con el Power Point y todas esas zarandajas inevitables, que se solucionaron gracias al buen hacer de los técnicos de la organización, inspirados sin duda por Erudino, comenzó la charla.      

         El reducido espacio se llenó, se petó casi, como dicen ahora porque, además de lo atractivo del tema, empezó a llover y, claro, algunos prefirieron asubiarse; además, el orador peroraba como un senador romano.

         Estaban, pues, presentes el escritor, la Editorial Epona, una representante de la Asociación de Guerras Cántabras, el público sentado en bancos corridos y los dioses que flotaban en el éter, según pronto verificamos. El hecho de enviar la lluvia para rellenar no fue mala operación de la Innominada.

         Pero, es que, en mitad de la charla, algún Trenti invisible, de esos que ayudan en el bosque a Obelégino y a Casinus, saboteó uno de los bancos, este perdió estabilidad y, de repente, todos los que estaban sentados en él cayeron de espaldas. ¡Como lo oyes, lector! Patas arriba. Se los vio caer como a cámara lenta , ahora estaban las cabezas atentas y fieles a lo que se decía, ahora eran los pies levantados que pateaban.

         Buen trompazo, pero nadie se hizo daño. Este fue el cuarto milagro, obra sin duda de Cabuniégino, el dios sanador que quiso gastar una broma, quizá porque viera al orador algo tenso, pues desde hacía cinco años no dirigía la palabra al público y, a partir del gracioso hecho en el que no se produjo ninguna desgracia, todo fue sobre ruedas y la magia de la oratoria cayó como nieve mansa sobre el auditorio. Se despertó el cuentacuentos que había en el viejo escritor.

         Pero, la intervención divina no acabó ahí pues, por megafonía anunciaron que se había extraviado una perrita que respondía por el nombre de Deva. ¡Qué casualidad, como la diosa creadora! Se hizo el comentario y se siguió con el relato de "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro", y resulta que, al cabo de un tiempo, justo en el momento en que una de las imágenes del Power Point reflejaba una escena de varios cántabros en asamblea,  en medio de ellos apareció una perrita, justo en el momento en que por los altavoces se volvía a decir que se comunicaba la aparición de la perdida Deva. No es que pasara de callejear al retablo, pues la imagen había sido diseñada de antemano con perrita incluida, pero no deja de ser curiosa la casualidad.

         Podrá decirse que todo esto son coincidencias, que Erudino, la Innominada, Obelégino, Casinus, los Trenti, Cabuniégino y Deva no existen, que son invención humana y, ahora, encima, meros personajes literarios, y que estos no tienen virtualidad, que no son operativos. Lo que se quiera, pero el ambiente mágico estaba ahí.

         Además, por lo que me dijo la buena gente de la Editorial Epona, las ventas no estuvieron mal, y lo que es más importante, con tendencia del público a adquirir la trilogía completa, más que por tomos separados. ¿Un nuevo milagro, esta vez de la diosa Salus Coventina? No es imposible, ¡qué hacer!  

         En fin, después de cinco años, la vieja locomotora vuelve a mover las bielas. Ya el tren avanza con lentitud y deja atrás el andén.

         "Gratias agamus diis, qui non sunt, sed adsunt cum opus est" (Salustio. De Vita Deorum III, 25), lo que en román paladino significa: "Demos gracias a los dioses, que no existen, pero están cuando se los necesita".

         Los Corrales, parada obligada por protocolo sentimental. Ahora, la próxima estación: "Santander".

jueves, 28 de agosto de 2025

DESDE MONTEHANO ME MIRABAN LOS DIOSES


 

La fotografía que se presenta en comentarios es Montehano, el monte del Fano, el Monte del Santuario, tomada ayer, 28 de agosto de 2025 desde el mirador de La Lastra, en Escalante. Obsérvese la sequía.

         Obsérvese también cómo en el último tercio del monte cambia la tonalidad de la vegetación. Hay una línea horizontal que permite distinguir, hacia abajo, la plantación de eucaliptos y, hacia arriba la vegetación autóctona. A esa línea la llaman los lugareños el Zuncho. Quizá la cima se respetó por la dificultad de superar con maquinaria pesada la mole de piedra, quizá porque aquel accidente natural no fuera, en el fondo, tan natural, esto no se ha estudiado.

         Lo cierto es que Montehano es, con claridad, un "castro de corona", abundante en tierras hoy asturianas, antaño de cántabros que habitaban el oriente de Asturias. Eran castros defendidos a media altura por una protección natural o por una muralla, y en la cima por un pequeño muro. En la cumbre de Montehano, al día de hoy, existen las ruinas de un castillo medieval, construido, quizá, sobre una estructura castreña preexistente.

         Si se mira Montehano desde el castro del Cincho de Soano ─también con referencias a monte sagrado, So (debajo) Ano, Hano, Fano, santuario─, se ve como un espectacular grano en el centro de las Marismas de Santoña, porque Montehano fue, hasta tiempos muy recientes una isla.

         Fácil es comprender que los viejos cántabros lo usasen más como templo al aire libre, como santuario, como németon que como emplazamiento defensivo. Sería un hogar de dioses, un pequeño Olimpo, la casa de la divinidad, el lugar de exposición de cadáveres para que fueran aprovechados por los buitres leonados del cercano monte Candina ─de Candamo─, que aún hoy se ven sobrevolar Escalante.

         ¡Hay tanto por descubrir entre las ruinas del castillo medieval! Quizá algún día en que las gentes sean más razonables la ciencia asaltará este arcano de la antigüedad.

         Eso, respecto a la historia de Montehano. Ahora mi propia historia. Hace casi cincuenta años, llegué por primera vez a Escalante. Perseguía la voz de una joven. Me encontré sólo, desorientado y sentado en una piedra, en un prau frente a Montehano. Llovía morrina. Miraba al monte y me preguntaba, ¿qué demonios hago yo aquí? Y el monte miraba mis diecisiete primaveras con actitud guasona, pero nada decía.

         Pasados los años, unos veintisiete, me construí una casa frente a Montehano. Por las mañanas, pues siempre fui de mucho madrugar, me miraba el Monte y yo le miraba a él. Y me preguntaba lo mismo, ¿pero qué hago yo, un santanderino, aquí? Pero el monte nada decía.

         Más de treinta años después de construirme la casa, toda una vida ya, abro la ventana de mi habitación y lo primero que veo es Montehano, hoy tapado por los robles que planté diminutos, pero que han crecido y son grandes, enormes. El monte, tras ellos, está presente, al menos yo lo siento ahí, palpitante; los árboles son una avanzadilla de la divinidad que me vigila de cerca, estoy seguro. Y sigo con la misma pregunta: ¿es posible que no sepa lo que hago aquí?

         La verdad sea dicha, no puedo engañarme por más tiempo. Sé bien lo que pretenden los dioses, esos que callan desde la cima del monte, desde la copa de los robles. Y lo sé porque ellos, en sueños, que es como se comunican, me lo han dicho en multitud de ocasiones. Otra cosa es que yo no quiera reconocerlo: Estás aquí, me aseguran, para hacer que Epona cabalgue de nuevo, para lograr que Lucobos organice la vida de los hombres, para dar a Candamo nueva voz, para que Deva, Dana, Briguit, la Innominada, salte de su río e inunde la tierra. Por eso estás aquí, dicen. Yo callo, ¿qué puedo responder?

         Hoy, 29 de agosto de 2025, en unas horas, tras cinco años de silencio, presentaré "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro" en Los Corrales de Buelna. Aún es de noche. Abro la ventana. Montehano me mira y calla, yo lo miro a través de las copas de mis robles. No hablamos, sólo nos contemplamos. No hace falta más. Nos entendemos. He aceptado mi destino.  

         Con seguridad, pensarán que estoy loco al escribir esto, y no andarían descaminados. Algo de anormalidad hay en todo ello, pero es que los que escribimos no estamos sanos; una pizca de demencia, como mínimo, hay en cada uno de nosotros. Sólo quienes no escriben tienen la cabeza bien puesta sobre los hombros. Sólo los enfermos escribimos.

         El mismo Dios, cuando creó el mundo, estaba enfermo de soledad. Y para mí, que lo hizo mal, muy mal y, encima, adrede. ¿Qué pretendía? ¿Cabe alguna duda?, entretenerse con los desesperados saltos de las criaturas cuando pretendían evitar las brasas de la injusticia, de la enfermedad y de la muerte sin saber, las infelices, que estaban predestinadas a sucumbir entre ellas. La cruel divinidad regó con carbones incandescentes los rincones de su mundo, y los camufló entre flores de belleza y olor exuberante. ¡Qué brincos los de las pobres criaturas al descubrirlas, al abrasarse los pies descalzos con ellos! Eso sí que era todo un espectáculo, una diversión digna de una deidad ociosa.

         Yo, como Tolkien, también he creado un mundo aparte, diferente, divino, y espero haberlo hecho mejor que Dios pues, aunque trastornado y todo ─como cualquier escritor─ no tengo tan mala baba como el divino demiurgo. Y sé que, dicho lo anterior, incurro en pecado de "hibris", de soberbia, y que me encontraré, como pago, una piedra negra a la vuelta de cualquier rosa. ¡Ay, demiurgo cruel, demiurgo cruel! Mis dioses son más razonables que tú, como de aquí a la Cochinchina, ida y vuelta. Dicho sea con todos los respetos, y sin ánimo de ofender, pero ofendiendo una miaja.

 

miércoles, 27 de agosto de 2025

VISITANDO EL NÉMETON DE MOROSO Y EL CASTRO DEL CUETO


 

Cuando el viernes 29 de agosto de 2025, a las 12 de la mañana, un grupo de expedicionarios visiten el castro del Cueto, dentro del marco de las actividades de las Guerras Cántabras de Los Corrales de Buelna, que paren un momento en el németon de Moroso y recuerden la siguiente historia que saco de «Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro» ─Tomo 3, "Tiempos del Hierro", capítulo 22, "El Cueto-Moroso. El tiempo se puede parar", página 205─.

         En ella se recogen cinco o seis leyendas indoeuropeas, se sistematizan en la trama y se ubican en el espacio, debidamente cantabrizadas. Les hará sentir la presencia divina en el insuperable németom de Bostronizo.

         Ese mismo día, viernes 29, a las 7 de la tarde, los valientes expedicionarios podrán escucharnos hablar de "Cantábrica" en la Tierra Sagrada de la Campa de Mazarrasa, en Los Corrales.

Dice así la leyenda del Cueto de Moroso:

«El bosque se espesa cuando ya está a la vista el castro del Cueto, alto, orgulloso, redondo como vientre grávido de Deva.

Turo que iniciara el nuevo trayecto con la alegría lógica de quien despierta de una pesadilla, se siente ahora agobiado por sus pensamientos. No entiende cómo cedió a la debilidad frente a la ejecución en el castro de la Atalaya, ¿acaso no es un veterano caminante que lo ha visto todo? Parece ser que no, que aún siente pudor ante el sufrimiento ajeno y vergüenza por la alegría de los demás al contemplarlo. También Hércules camina a trompicones y nada dice durante todo el recorrido, ni siquiera protesta cuando cruza el Bisalia con el druida sobre su lomo.

Es mediodía. Las hojas, que resplandecen de verde, forman un cedazo por el que la luz del sol desparrama claridad entre las sombras. El ara del németon es iluminada por una columna de polvo incandescente que desciende de lo alto, dedo índice de Dis Páter, formada por miles de anárquicas partículas de imprevisible evolución que suben y bajan. Ha llegado al centro del bosque sagrado.

El druida deposita en el altar su bastón y el caldero y se sienta en el suelo, la espalda recta, las piernas cruzadas, en la postura del Nemedo Sediago, del Cernuno que abarca toda la naturaleza, el padre de los bosques. Entorna los ojos y silencia su pensamiento.

Los pájaros lo saludan; las hojas agitadas por la leve brisa se presentan a él; los grillos salen de las cavernas para acariciar sus oídos con cantos monocordes, adormecedores; escucha cómo una ardilla casca una nuez con los dientes, y hasta puede distinguir el hozar de un jabalí en la espesura, allá lejos. Ya no hay pensamiento, ya no hay penas. Casi vegetal como los robles, Turo permite que la sangre —siempre estática— cobre vida y corra por sus venas arriba y abajo, sin pensar, sin agobiarse. Y es la sangre la que, al llegar al cráneo donde se acomoda el alma del sabio, borra con su oleaje el recuerdo de los recientes desvelos. Su mente se sumerge en la de Cernuno que todo lo alcanza, que todo el bosque abarca. Es entonces cuando la percibe.

         Alguien se ha sentado a su lado. ¿Quién eres, caminante?, le pregunta una voz femenina, ¿o es el trino de un jilguero lo que escucha? Soy Turo el viejo, el que recorre el mundo por orden de Epona, pero, dime, mujer ¿quién eres tú? Soy la que te vio escondido en el cuerpo de salmón que comiera tu madre Dovidena cuando te engendró; soy la punta de tu bastón cuando se clava en la tierra insegura; soy el sol que te acaricia después de la lluvia; soy la sangre de los enemigos que derramaste; soy el cuerpo desmembrado que viste juntar torpemente en la Atalaya; soy tu sombra y la sombra de los árboles; soy la que susurra en tu oído el murmullo del silencio... No digas más, te conozco, pero no puedo nombrarte. Es natural, tampoco los dioses me nombran y eso que todos son hijos míos, porque no tengo nombre ni puedo tenerlo, porque soy la mezcla de los contrarios, porque todo nació de mi seno y a él vuelve, porque soy más que la Tierra, que es mi hija, porque soy más que el mar, que es mi hijo, porque soy más que el cielo, que es mi hijo también, y a ti te conocí cuando te llamabas Viamo, el vástago del aquitano, el abuelo del tatarabuelo de Alio, tu segundo padre, el que pescara el salmón que antes fuera tejo, que antes fuera águila, que antes fuera jabalí, que antes fuera lobo, que antes fuera Viamo, que fue devorado por Dovidena que te engendró y te parió aunque, en realidad, yo te alumbré en mi mente sin mente, y te entregué la sabiduría del lobo, del jabalí, del águila, del tejo y del salmón, Turo, eres mi hechura. Aún así, señora, sigo sin poder nombrarte.

         El druida abre los ojos, gira la cabeza y ve a su lado a una mujer resplandeciente, de difusos contornos, cubierta con un sagum azul en cuya capucha se enmarca un rostro blanco como ese hielo que nunca abandona las cumbres. Ella lo toca. Él se estremece.

Hoy soy yo la que te contará una historia, Turo, dice la Innominada, pero antes he de hacerte un regalo. Le entrega un brillante anillo de oro. Tómalo, es el mismo que llevaba en su dedo cordal Palaro. Verás, eran aquellos tiempos difíciles, cuando el mundo estaba en formación y los pueblos se aliaban junto a los dioses de la Luz o junto a los de la Oscuridad, cuando un día sí y otro también se levantaban montañas y nacían grandes ríos de sus cumbres, cuando se escuchaba a todas horas el atronador grito de Taranis en los valles, cuando los rayos perdidos de Candamo se estrellaban contra los más grandes árboles, cuando se estaba creando el mundo a partir de la lucha feroz de unos contra otros, de todos contra todos. En aquel remoto tiempo, Palaro, al frente de un grupo de aguerridos noegos, estaba en batalla contra un sinfín de caristios y várdulos que apoyaban las armas de Airón. Al lado del héroe combatían también los autrigones amanos, pero en mitad del combate estos últimos se pasaron al enemigo. Fue un grave revés para las fuerzas de Palaro, que vio perder uno a uno a sus compañeros noegos y quedó él solo contra mil adversarios. Todos golpeaban a la vez, todos acometían juntos, todas las falcatas, todas las hachas gritaban su nombre desde los filos sedientos de sangre. Era el final de Palaro, salvo que los dioses decretasen un fin diferente a la muerte. Y esto último es lo que sucedería.

Por el camino que conduce a la batalla, continúa la diosa, se ve llegar a un jinete que cabalga sobre un asno. Es un anciano de pelo blanco y blanca túnica que porta una lanza en la que se reflejan los rayos del sol. Se detienen las acometidas. Palaro deja de defenderse, sus enemigos son estatuas feroces en actitud de ataque, ninguno se mueve. El anciano jinete llega al lado del joven guerrero. Lo abraza cálido, le hace reposar y, durante tres días y tres noches obliga al sol a detenerse en el cielo. Este tiempo no computado es bien aprovechado por el anciano, pues se aplica en curar las heridas del joven guerrero. El arte de aquel ser es de consumado sanador, su voz suave, cálido su tacto, prodigiosas las hierbas que guarda en el zurrón. Su lanza, de cuya punta escapan continuos destellos, está apoyada en una roca. Al tercer día, cuando el guerrero se siente recuperado de las numerosas y casi mortales heridas, mientras sus enemigos permanecen en las actitudes estatuarias de cuando lo atacaran, el anciano le pregunta si lo reconoce. ¿No?, mírame a los ojos, hijo, y lo toma de los  hombros con sus manos enormes, capaces de cualquier tarea. Bajo la mirada de infinito, reconoce Palaro que tiene ante él a su padre, Lucobos, el que lo engendró en el vientre de Apleca, el dios preferido de los dioses, y el dios preferido mío, Turo, a la que llamáis la Innominada.

Cuando, montado de nuevo en su asno, el dios se fue por donde había venido, todos los enemigos volvieron a su ser, este listo para atacar, el otro dispuesto a cercenar, aquel gritando, el de más allá bufando en feroz acometida con su hacha doble. Pero de todos ellos dio buena cuenta el renacido Palaro. A muchos se les acabó allí mismo la vida, heridos por el hijo de Lucobos, hasta que por fin los atacantes se batieron en retirada. ¿Conocías la historia, Turo? Sí, es la que pretendía contar hoy en aquel castro. Pero no sabrás que antes de retirarse, Lucobos entregó a su hijo el anillo que ahora deposito yo en tu dedo, ¿es así? Cierto, lo desconocía, ¿para qué sirve?

La Innominada, rostro blanquísimo enmarcado en el sagum azul, le contesta que si lo lleva siempre en su dedo le permitirá saber quién miente y quien no, quien es fiel a su propia palabra y quien no, porque cuando se encuentre ante un falsario, ante un mentiroso, ante un alma retorcida que esconda la envidia tras su sonrisa engañosa, el anillo apretará su dedo y lo delatará. De haberlo poseído antes de la batalla, Palaro habría detectado la traición de los autrigones a su debido tiempo. ¿Por qué me lo das, señora? Porque vienen años difíciles, tiempos de guerra en la que todos mienten. Nunca creas a nadie, porque el arte de la guerra es el arte del engaño, ni siquiera creas a los tuyos, especialmente nunca creas a los tuyos y, si pese a todo, tienes dudas sobre la veracidad de lo que te cuentan, espera a que hable el anillo, porque él te dirá la verdad y cuando descubra al mentiroso, apretará tu dedo. Dicho esto, la Innominada desaparece.

En su lugar, queda el trino de los mirlos que despiertan a Turo de su ensoñación y que le avisan de la presencia de gentes más humanas que divinas.

Han bajado del Castro del Cueto a buscarlo. Lo acogen con reverencia y lo conducen hasta el poblado, donde todos compiten entre sí para agasajar al viajero. Es gente tan amable que Turo se deja querer y permanece entre ellos dos semanas, dedicado a contar relatos y a curar lesiones y heridas de mal pronóstico. Cuando, al fin, se ve obligado a seguir su camino, todos lloran. De nuevo tendrán que sacar los enfermos a las encrucijadas para que los caminantes opinen sobre la forma en que puedan ser curados. De nuevo las noches serán solitarias, ayunas de relatos y leyendas bajo la luna.

No lloréis por mi ausencia, les dice Turo cuando se despide, llorad más bien por vosotros y por vuestros hijos, y no perdáis tiempo en vanas preocupaciones, sino preparaos para la guerra, que es inminente. Pero ellos no se hacen cargo, aunque lo intentan, de la imagen del futuro que se aproxima, según les ha avisado el sagrado profeta que los abandona.

Que Erudino te acompañe, le dice el druida del lugar cuando lo ve partir y el anillo aprieta el dedo de Turo. Aquel hombre parece amable, pero es un saco de envidia. ¡Bendita Madre que le hiciera tan extraordinario regalo! Turo se aleja feliz del castro en el que ha hecho tanto bien, por no haber sido objeto de la oculta rabia de su colega, tan colaborador en apariencia, y se encamina hacia la gran barrera, hacia la Sierra de los Hombres que guardan los accesos de la montaña. Adorará a la Innominada y a Erudino en la cima del Dobra. Es probable que alcance los castros de la costa para Elembibios».

martes, 26 de agosto de 2025

CANTÁBRICA, UN MANUAL MITOLÓGICO PARA ESCRITORES Y UNA PROPUESTA TEATRAL PARA LOS CORRALES DE BUELNA

 


 

Tolkien no escribía para sí mismo, no se guardaba su creación, no la cerraba bajo candados de "copyright", sino que la puso a disposición del público. Manifestó en múltiples ocasiones que sus personajes estaban ahí, viviendo en el éter, para uso de cuantos escritores precisaran un cuerpo mitológico en sus obras. Cualquiera podría usar los elfos, e insertarlos en las historias que crease.

         Esa era su ambición, que su obra, especialmente el Silmarilión, se convirtiera en el libro que faltaba en la cultura céltica de las Islas. Los galeses poseían el Mabinogión, los irlandeses el Lebal Gabala, el Libro de las Invasiones, pero los ingleses nada tenían, ni una triste crónica. Por eso Tolkien sacó de la nada este Silmarilión, el cual brotó de principio a fin de su fértil imaginación. Por eso aspiraba a que fuera un referente para los nuevos creadores. Si un escritor podía entresacar una leyenda del Mabinogión o del Lebal Gabala, ¿por qué no obtener materiales del libro de mitología inglesa, el Silmarilión, por él creado, pese a que fuera fruto de la literatura, como por otra parte lo es toda mitología?

         No afirmaba el autor inglés que permitía que lo plagiasen, sino que ponía sus ideas a disposición de todos. El plagio radica en la copia global del fondo y de la forma, especialmente de la forma. Si usted copia mi texto me plagia, pero las ideas, una vez vertidas en el caudal de la literatura, son apropiables por cualquiera. De lo contrario, las letras no avanzarían, ni el pensamiento original, ni siquiera la ciencia, y quizá esta menos que cualquier otra actividad intelectual humana.

         Escribimos siempre sobre imaginaciones de otros, sobre un magma literario incandescente que reside en las calderas de nuestros interiores; los escritos de los demás son el humus del que se alimenta nuestra creatividad.

         Un caso cercano es el vasco. Cuando José Miguel Barandiarán publicó su famoso Diccionario Ilustrado de Mitología Vasca, en el que recogía las leyendas que, supuestamente, había tomado de la tradición oral, caserío a caserío, hizo una recomendación a sus lectores y a todos los escritores que en el futuro trataran aquel tema: que escribieran lo que quisieran, que lo basasen en su obra si lo deseaban, pero que mantuvieran el hilo conductor argumental de las leyendas, tal y como él había reflejado en su obra, de manera que se creara un cuerpo de relatos canónico que fuera referente de la mitología vasca.

         Lo cierto fue que así lo hicieron todos los escritores vascos ─como siguiendo una consigna paterna─, y hoy día, las dispersas informaciones mitológicas obtenidas de la tradición oral mediante el trabajo de campo del entusiasta sacerdote, insertadas en el Diccionario, son ejes mitológicos consolidados, y hasta se estudian como verdades consagradas en la Universidad del País Vasco, donde se llega a recrear toda una "teología académica" en torno a la Diosa, a Andramari.

         Tendremos que suponer, lo cual cuesta bastante a nuestro raciocinio, que las bellas estampas del Diccionario fueron sacadas sin elaboración compiladora y sistematizadora e incluso creadora, de Barandiarán y de su equipo, porque entendemos que toda mitología tiene su origen en la literatura, y que el sustrato de transmisión oral es disperso, débil y descohesionado, por lo que precisa unificación, fuerza y cohesión para su desarrollo,  lo que no puede lograrse sin la intervención creadora, activa y literaria del compilador. Pero, en fin, muertos los comunicadores del trabajo de campo, por mucho que en él se les cite con nombres y apellidos, sólo queda la palabra de los compiladores, ¡y es tan tentador crear toda una mitología y decir que se ha sacado del mismo campo, del carro tirado por bueyes desbordante de heno, del robledal parlante, de la fuente mágica! Tal trabajo complementador sería comprensible, muy humano y llevado a cabo sin mala intención, por supuesto. Esto no quiere decir que dudemos de la palabra de Barandiarán, autoridad de autoridades, ¡estaría bueno!

         En "Cantábrica, la Gran Enciclopedia del Solar Cántabro", sin tanta ambición como los vascos y sin la maestría de Tolkien, también se pretende ofrecer al escritor un catálogo de leyendas, de fundamentos mitológicos, una cosmogonía, una teogonía y una teomaquia, un relato completo y cerrado que pueden utilizar en sus obras como fondo mitológico común y como elemento de ambientación.

         La ambientación en una novela histórica es un elemento narrativo de gran importancia. Si queremos escribir una escena medieval con lenguaje moderno, debemos tener en cuenta que el hombre de aquellos tiempos era profundamente religioso, y la religión ha de estar presente en frases, en leyendas de fondo, en formas de expresión. El cristianismo nos ofrece todo un catálogo de materiales lingüísticos y conceptuales que, en boca de los personajes, generarán un ambiente adecuado. La religión es una parte importante del atrezo de una obra literaria.

         Por eso, "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro" ofrece a los escritores un completo panorama mitológico de la sociedad cántabra de los tiempos del Hierro. Podríamos decir que es un manual a disposición de los escritores. Se siguen así los pasos de Tolkien y de Barandiarán, casi nada.

         Claro, que siempre será de agradecer una mención, una nota a pie de página, un agradecimiento, una referencia a este autor y a su obra, aunque sea leve y como de pasada, pues cede sus ideas a la comunidad, lo que es decir poco, pues si son valiosas serán tomadas con o sin su consentimiento, es ley literaria ineludible.

         Y, ya que vamos a presentar esta obra en Los Corrales de Buelna, vista la extraordinaria labor que la Asociación de Guerras Cántabras ha desarrollado durante los últimos 25 años, la cual no es estática ni mucho menos, sino que evoluciona en espiral, conviene avisar de que la mayor parte de los relatos que en "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro" se insertan, SON REPRESENTABLES EN FORMATO DE PIEZA TEATRAL.

         Son cientos de nuevas leyendas cántabras obtenidas de la mitología comparada, de mitemas compartidos con otros pueblos celtibéricos, de relatos fantásticos y mitológicos que pueden servir en su gran representación de las Guerras.

         Imaginemos que las tribus cántabras de Los Corrales acuerden que cada una interprete una pieza teatral inspirada en "Cantábrica". Se trataría de obras cortas y sencillas, de contenido mitológico. Son tantas las piezas que se ofrecen en los tres tomos de la obra, que se tendría para varios años, sin repeticiones. Al tiempo, los romanos podrían representar, legión a legión, elementos de la rica mitología grecolatina.

         Un diseño teatral de esos cortos, sería fácilmente representable por niños y jóvenes, con lo que se dispondría de una novedad renovable año a año, un aliciente más para la participación ciudadana, un baño de experiencia teatral ─la primera de las manifestaciones literarias─ y un enriquecimiento del festejo.

         Esta idea bien puede ser una bobada. En tal caso, téngase por no puesta, aunque por expresarla nada se pierde, quién sabe, quizá sirva para algo. Quedo con mi "Cantábrica" a disposición de los organizadores de Guerras para lo que deseen en este sentido.

         Nos vemos en Los Corrales el viernes 29 a las 7 de la tarde, donde presentaremos "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro".

lunes, 25 de agosto de 2025

EL RUGIDO QUE SE HEREDA

  


El sábado 23 de agosto de 2025 estuve por la mañana en Los Corrales de Buelna, en la campa de las Guerras Cántabras, en la presentación de un libro: «Los últimos hijos de Bodo», de David Henales. Es una interesante novela que trata de una cofradía guerrera vadiniense en tiempos del asalto de Roma.

         Aproveché para revisar el escenario de la presentación de "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro",  prevista para el viernes 29 a las 7 de la tarde, sus instalaciones y demás por eso de ser precavido, y pude ver el ambiente que se respiraba.

         Era por la mañana. Se dejaba el coche en una amplio prau habilitado como aparcamiento y yendo entre calles se llegaba a la campa de las Guerras, en el Parque Mazarrasa. La gente con la que te cruzabas eran cántabros que llevaban el periódico y el pan para desayunar, romanos y romanas que salían con sus chicos. Todos iban vestidos de diario, con túnicas de andar por casa. Nos dijeron que luego, para los actos se vestirían adecuadamente, con togas, trajes floridos, grecas, peinados de época, etc. Era como estar en la Suburra del Trastíber, pero con edificios modernos. Y, en efecto, a lo largo de la mañana vi a cántabras deslumbrantes y a romanos equipados con todo su esplendor marcial. Y pude constar la amabilidad de la gente, que excedía todas las previsiones. Si preguntabas algo, te respondían varios, te llevaban a otros que sabían más, te mimaban y regalaban.

         Pero lo que más me sorprendieron fueron los niños.

         Desfilaban con la legión y tocaban tambores¸chicos y chicas con caras serias, solemnes, de importancia. Eran seres que se habían transportado en el tiempo, que habían viajado en alas de su imaginación a lo largo de la historia. Sus ojos, sus ademanes manifestaban sus pensamientos, andaban en una nube de ensueño. Otros, más chicos, jugaban con espadas de madera, vestidos como diablos cántabros y duendes romanos, ya llenos de polvo las ropas por haberse revolcado por el suelo. ¡Qué gozada!, ¡qué envidia!, ¡qué pena no tener entre cinco y doce años!

         Esta estampa fue la más impactante: la participación de niños y jóvenes. Porque también estos se esmeraban. Un centurión romano, de penacho atravesado, daba una charla sobre armamento y mostraba cómo había que utilizar el gladium, el efecto defensivo de las armaduras, las condiciones especiales aerodinámicas del pilum, y hasta hicieron una exhibición de lanzamiento contra una paca de paja apoyada en un árbol. ¡Apártense todos, que es peligroso! ¡No, por favor, no se pongan detrás del árbol, que puede suceder una desgracia! Luego vino el lanzamiento, más derrengado que peligroso, pues ninguno de los tres arrojados lanceros acertó, pero luego sacaron los gladium, se cubrieron con los escudos y avanzaron en formato falange hasta llegar a la paca, a la que dejaron acuchillada y hasta descuartizada de tanto como la hendieron con sus temibles espadas. ¡Buen trabajo!, dijo el centurión de penacho atravesado. Estaban felices. Los niños miraban admirados y envidiosos. Los turistas sonrientes y yo admirado de la fuerza de aquella gente corraliega.

         Luego, tras una larga y prolífica conversación con mi compañero David Henales y con Ana, su esposa, en la que nos sorprendimos por la gran cantidad de coincidencias en nuestros puntos de vista sobre las Guerras Cántabras, ya en casa, revisé el folleto del programa de fiestas que había tomado en el puesto de información y comprendí todo. Esta gente de Los Corrales trabaja hoy para el futuro. Esto sí que es sostenibilidad.

         El título del cuadernillo, resaltado en amarillo era «EL RUGIDO QUE SE HEREDA» y en el interior jóvenes cántabras que peinaban sus cabellos como bandadas de janas en el río, niños cántabro-romanos haciendo carreras de sacos, niños lictores en el Circo Máximo, niñas augures, niñas con cara de pillas y peinados de fantasía, cubiertas por lujosos sagum de ceremonia, niños vestidos de senadores, niñas vestales, pequeños a los que si quieres conocer sus nombres te contestarán: soy Vadón, hijo de Elanio, de Vadinia.

         Ahí estaba la clave del éxito de la fiesta de las Guerras Cántabras en Los Corrales. Es una celebración fabricada por los mayores no para los niños, pero con la mirada puesta en ellos. Es una celebración en la que los niños y jóvenes decían a sus mayores que no dejarán desiertas ni las calles ni los campos. Es una ventana abierta al pasado, a los gloriosos tiempos que deben ser recordados.

         Claro, claro, es un rugido heredado.

         Un rugido en el que se invita a cada participante a heredar una idea: ¡Recuerda lo que significa ser cántabro!

         Y me alegré, porque el grito de la obra que presentaré el 29 de agosto, viernes, a las 7 en Los Corrales, CANTÁBRICA, LA GRAN EPOPEYA DEL SOLAR CÁNTABRO, tiene la misma finalidad, participa del mismo grito, se sostiene en los mismos pilares:

         ¡Recuerda lo que significa ser cántabro!

jueves, 21 de agosto de 2025

LA INTUICIÓN LITERARIA NO ESTÁ AL ALCANCE DE TODOS

 


 

Conversación entre un profesor de técnica literaria y un aspirante a alumno:

            O se tiene, o no se tiene. Mira, querido amigo, puede que en este taller literario no encuentres lo que buscas, siempre que aspires a que te enseñemos a escribir, pues eso dependerá de tus condiciones, de lo que lleves en la mochila no sólo en función de tus conocimientos, sino, sobre todo, en función de tus capacidades... No le entiendo señor. Verás, quiero decir que unos sirven y otros  no, como los pimientos de Padrón. Sigo sin entenderle, si tengo voluntad de aprender, ¿no podré por falta de cualidades? No es cuestión de voluntad, querido alumno, sino de realidad. ¿Si no fueras capaz de distinguir los colores, si no tuvieses medios para captar tonalidades, si las figuraciones espaciales no cupieran en tu mente, ¿podrías ser pintor? Hombre, pues no. De la misma manera, si tu oído es de cartón y no puedes distinguir entre dos voces, o entre el sonido de un violín y una guitarra y apenas diferenciases entre un do y un re, ¿serías capaz de componer una música diferente a "los patitos dicen pío, pío, pío" tras varios años de estudio? Pues, caramba, vaya ejemplo me pone usted, pero, vamos a ver, ¿es que me cree incapaz de escribir? No sé, eso dependerá de la intuición literaria de que disponga... Vamos a ver, señor Maestro Ciruela, ¿por qué cree usted que no tengo eso que dice? ¡Póngame a prueba! Bueno, vamos, y disculpe que  le haya contrariado. Verá, el ejercicio test es muy sencillo... Nada, nada, lo que sea, dispare... Pues verá, aquí tiene un texto básico escrito en tercera persona y pasado, ¿lo ve? Por supuesto, no estoy ciego. Vale, pues se trata de que lo tome y lo lea en voz alta, pero cambiando lo cambiable y, sobre la marcha lo traduzca a primera persona y presente... Pues empiezo, dice así... Oiga, se me está trabando... ¡Hombre, don Ciruela, esto es fácil, pero lleva su tiempo! No, no, mire, está usted dudando, no lo hace de corrido y vacila. Es normal, no estoy acostumbrado a... Pues si no puede leer de corrido y traducir un texto de tercera persona y pasado a primera y presente, con soltura, como si leyese el cuento de Caperucita, no tiene usted intuición literaria y jamás podrá escribir, como aquel que lleva un madero por oído, que jamás podrá componer, ¿lo entiende? Claro que lo entiendo, ¡váyase usted a la mierda! Pero, hombre, no se ponga así, quizá carezca usted de intuición, pero estos conocimientos le vendrán bien en funciones diferentes,. como crítico literario por ejemplo... Pero, qué hace, a dónde va, escuche, no se marche, ¿no comprende que uno que tenga oído de botella puede ser un buen profesor de música? ¡No, no lo entiendo!... Pero si usted puede llegar a catedrático de literatura de instituto... ¡Que deje, que no me agarre mientras me pongo la gabardina!... O, incluso de universidad.... ¿Callará de una vez?... Vale, pero, venga aquí... ¡hablemos!, ¿dónde va usted?... Portazo.

            ¡Mierda, mierda, mierda! ¡Siempre me sucede igual! ¿No podría enjaular de una maldita vez mi sinceridad? ¿es que no aprenderé nunca a ser práctico?

            Aquel profesor de escritura creativa era demasiado sincero. Así le fue, que hubo de cerrar la academia y dedicarse a enseñar a los niños modernos, digitalizados, el juego de las canicas. Era casi el mismo oficio y también fracasó.

            Por fortuna, encontró una buena esquina en una iglesia, y  para hacer pis echaba mano de los bares de los alrededores, hasta que le impidieron acceder a ellos porque contrataron a un guarda jurado de complexión goriliana, con lo que hubo de exponerse en una minúscula esquina a la vista de todo el que no desviara la mirada, pero sobrevivió. Para comer la Cocina Económica nunca le falló, y para dormir el Albergue municipal para transeúntes resultaba más que cómodo.

            Eso sí, el Maestro Ciruela tenía una intuición literaria como pocos. Eso lo aseguro yo, que he conocido a muchos, pero que a muchos escritores.

lunes, 18 de agosto de 2025

EL BOSQUE SE QUEMA. LOS DIOSES LUMINOSOS ABANDONAN EL NÉMETON

 


 

Hacia mediados de agosto de 2025, ardió el Solar Cántabro. La Montaña Palentina ardió. Riaño ardió. Liébana ardió. Los territorios colindantes de León, El Bierzo y Extremadura ardieron. Celtiberia ardió. Los pueblos hubieron de ser evacuados. Hubo muertos, miles de damnificados. La solidaridad se desató, como siempre. Y los revestidos de "auctoritas" ─mas no de "dignitas"─ se resignaron, como siempre, repartieron esputos de culpa, y, finalmente, se encogieron de hombros: es que hasta que no pase la ola de calor nada podemos hacer, dijeron.

         Y, entre tanto, los dioses se vieron obligados a abandonar definitivamente los milenarios santuarios de los bosques, pequeños ya, diminutos casi tras tantos decenios de desertización progresiva.

         Y, entre tanto, los humanos guardaron el recuerdo de la frondosidad de los parajes quemados en rincones cada vez más difuminados de sus almas, esa que los antepasados decían que estaba en el cerebro.

         Y, ya no quedó retaguardia en la que refugiarse.

         Humanos y dioses vieron que no podían enfrentarse a un enemigo que atacaba por delante y por la espalda a la vez, que venía de la meseta y que ascendía desde el mar. Comprendieron que serían cogidos en pinza por la nefasta gestión de los supuestos servidores públicos y por la furia desatada de los elementos, consecuencia del deterioro del planeta inconscientemente fomentado por las dinámicas ciegas de poder, que no pueden mirar más allá de sus intereses económicos.

         La Oscuridad avanzaba por dos frentes a la vez. ¿Qué hacer sin el németon sagrado, sin el seguro lugar donde guarecerse de los rayos del sol, de los ojos del enemigo, dónde permanecer agazapados como en un útero materno en presencia de la divinidad, ¿cómo vivir sin bosques? ¿Cómo resistirían? ¿Se repetiría el enfrentamiento en batalla abierta contra los oscuros en tiempos de Antistio Veto?, ¿era ese el camino?

         No, dijeron los dioses, cuando reunieron a los damnificados del Solar Cántabro en la asamblea, en un polideportivo habilitado al efecto. No se puede repetir la locura de Bérgida, también llamada Ática por los historiadores romanos. Seríamos derrotados. Nunca ataquéis de frente, cántabros, nunca ofrezcáis el pecho al enemigo, astures. No repitáis los errores frente a los muros inalcanzables del poder, bajo las murallas de Lancia y de Bérgida. La Oscuridad es muy poderosa, no hay que darle facilidades. Es anárquica y despreocupada, sí, pero grande y eficaz resulta su poderío cuando lo pone en defensa de los expolios guardados en sus almacenes.

         ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo combatir en el desierto que viene, nosotros que estamos acostumbrados a guarecernos entre la espesura?

         No hay más remedio, hijos, que prepararnos para una continuada campaña en campo abierto, en tierra de pedregales y arenas, bajo el sol abrasador y el fuego caído del cielo. Quizá os transformaremos en mirmidones, en duras hormigas de los desiertos, quizá hagamos que recuperéis vuestra ancestral condición reptil para mejor camuflaros entre las rocas. Quizá nos disolvamos los dioses en vuestra sangre heroica, único líquido en el que somos solubles.

         Nosotros, que hemos atravesado la cortina de fuego y que no hemos tenido más remedio que dejar atrás nuestro milenario hogar, el németon sagrado, seguimos portando los dardos y los escudos, los cascos y las falcatas. Vosotros haréis lo mismo, y si no hay floresta alrededor, excavad en la tierra. Allí también nos encontraréis. Y cuando caiga el fuego del cielo sobre las arenas del desierto, profundizad más, dirigiros hacia el corazón de la Madre, cavad en lo más profundo vuestras estancias, circulad por su interior, vietnamitas de cuerpos menudos y escurridizos, hormigas, viejos topos eternos.  Deva os acogerá.

         Incluso cuando residáis en una simple franja de tierra, estrecha y codiciada por la Oscuridad sobre la que llueva fuego, resistid, porque el que aguanta, vence. Nunca dudéis de la victoria. Pero insistimos en que no debéis confiar en nadie, porque seríais inevitablemente traicionados; los brazos de la Oscuridad son más largos que los del dios Lucobos. Vosotros sois vuestros únicos líderes, vuestros propios jefes, vuestros mejores defensores! No os apuréis, el pueblo genera sus líderes naturales en los momentos de peligro.

         Y, tras la victoria, replantad la tierra de robles y de encinas, de laureles y de sanguinos, de serbales, de chopos, de madroños y de aladiernos; permitid que crezcan libres los bardales, que los altos fresnos y las hayas de hoja plana filtren la luz del sol, y que los rayos penetren tímidos desde la altura y hagan danzar al polvo del camino en sus columnas luminosas que se despeñarán por los claros del bosque para iluminar las aras que nos habréis erigido a los dioses. Aún hay esperanza. Quizá alguna próxima generación pueda contemplar el németon sagrado en todo su esplendor y quizá los eternos, por desgracia tan mortales como vosotros, podamos regresar del exilio.

         La Oscuridad es ciega, actúa por inercia, destruye el planeta por mero interés mercantil. Vosotros sois portadores de la Luz, de la razón y, por muy estrecha que sea la franja de tierra en la que se os obligue a vivir, estad seguros de la victoria.

domingo, 17 de agosto de 2025

LAS GUERRAS CÁNTABRAS INTERMINABLES


Coronoego, el jefe joven ─que no Corocotta, el jefe viejo─, tiene un sueño en el que se le revela que dirigirá la guerra contra los romanos y que las rebeliones de cántabros serán interminables.

Seguiremos hablando de esto en Los Corrales, el día 29 de agosto, viernes, a las 7, en la campa "Tierra Sagrada", donde se presentará «Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro».

TOMO 3, pg. 142

«Pero debes saber, joven Coronoego, continúa el dios, que dos años después de tu muerte, una postrera rebelión saldrá a la luz y que, posiblemente pasados doscientos años vendrá otra, y otra transcurridos dos mil más, y otra nueva dos mil doscientos más adelante, porque tú, héroe sin nombre, que, muy probablemente ni siquiera pasarás a la historia salvo como personaje de ficción, tú que eres sin embargo real como las piedras, te enquistarás en el pueblo que pise estas rocas. Ellas gritarán bajo los pies de los caminantes y contarán tu historia. Y, como quienes escuchen sus discursos también llevarán cadenas en manos y pies, conocedores de vuestro glorioso final, las romperán en silencio y, en silencio también, acabarán con las guarniciones que habrán cercenado sus creencias y su historia. Por último, acompañados por la furia del tejo, por la potencia del roble, por el desfilar armónico de los chopos, por formaciones de fresnos, por legiones de tilos y por interminables líneas de bardales, los nuevos cántabros escucharán caer sobre el enemigo la ronca lluvia de amenazas graznada por las grandes rapaces, por las diosas inmortales: por Deva, la que habla con los hombres; por Epona, la que habla con los animales y por Madre Cantabria, la que habla con las piedras, porque, Coronoego, las Guerras contra Augusto aún no habrán terminado milenios después de tu muerte, y trazas hay de que no terminen nunca, aunque no haya ningún Tito Livio, historiador a sueldo, que las recree, pues, según todos los opresores que han sido y serán, la heroicidad del pueblo es un pésimo ejemplo para las generaciones futuras. ¿Hemos sido derrotados?... ¡No importa, mañana venceremos!».

 

miércoles, 13 de agosto de 2025

LOS TRES ELEMENTOS DE LA OBRA LITERARIA



       Respondo aquí a una cuestión que me han hecho en privado: cómo construir una obra literaria. ¡Caramba con la preguntita! La respuesta más directa es: ¡pues no tengo ni pajolera idea! Pero, bueno, voy a decir algo, que no es sino poner una boya en alta mar, a ver si me sale:

         Cada maestrillo tiene su librillo. Los grandes estudiosos ponen nombre a sus lucubraciones. Los catedráticos de literatura usan su vocabulario de jerga. Yo, que no tengo la memoria en el mejor de sus momentos, compongo mi "vocabulario técnico" de andar por casa para entenderme conmigo mismo, que es para quien escribo. Ha de ponerse siempre nombre a las cosas y, en especial, a las ideas.

         Creo que cualquier obra literaria se compone de tres elementos que yo llamo: tema, retórica y peripecia.

         También podrían llamarse: contenido material, contenido formal y diégesis; también: fondo, forma y argumento; también: lo que se cuenta, cómo se cuenta y el guión, o fondo, forma y trama. Lo importante es que se den los tres husos para servir hilo al escritor, y que con él, nacido en los tres carretes narrativos pueda este componer el tejido, bien trenzados los elementos, entremezclados en un todo inseparable.

         Podrán identificarse las piezas, podrá decirse que tal frase, tal párrafo o tal parte de la tela esté relacionada con el tema, tal otra con la retórica y aquella con la peripecia, pero nunca podrán separarse. Compondrán un calabrote, una maroma de tres cuerdas trenzadas, entreveradas, imbricadas, nunca sueltas, siempre relacionadas.

         Vayamos con el TEMA. En este carrete, el escritor ha de incluir el material que desea contar. Quiere, por ejemplo, hablar de la "educación de género dirigida a adolescentes", un tema como otro cualquiera. Se le abren al autor dos sendas: contar lo que sucede en los institutos, en plan muy descriptivo y enumerativo, con lo que aburriría a las piedras, o buscar la polémica, es decir, romper moldes, expresar lo no expresado aún.

         Por ejemplo: puede sostener una idea contraria a los cánones ideológicos habituales, como que los profesores estén especializados en chicos unos, en chicas otras, en una educación sexual diferenciada por sexos, de manera que sean profesoras las que dirijan a las chicas y profesores a los chicos, lo que no es incompatible con encuentros cruzados para fomentar el debate. Esta idea no es nueva, ya fue aplicada con aprovechamiento para la formación de la conciencia de colaboración entre sexos en las poblaciones kurdas del norte de Siria, en la que se ha dado en llamar Revolución de Rojava, pero la traigo aquí a título de mero ejemplo, no para discutir el tema.

         Son los dos caminos que tiene el escritor: uno el de describir, contar, pintar lo que ya existe, lo que está al alcance de todos en los institutos, las tediosas clases con lenguajes orwelianos de fabricación bien pensante, lo normal; otro camino es el de generar polémica, buscar el debate, sostener una tesis, enfrentarse a ideas preconcebidas en formato dialéctico.

         Lo primero es sencillo, pero aburre. Lo segundo es complejo y arriesgado, pero puede servir para algo y, además, tocará la fibra íntima del lector.  

         En fin, que no basta con elegir un tema: voy a hablar de los vikingos porque me gustan mucho sus cuernos. No, en literatura ha de buscarse algo novedoso. Si no lo tienes, si no dispones de una tesis original que plantear, por mucho que te guste el ambiente, por ejemplo de romanos romanetes, y seas feliz mientras paseas por el foro, no estás haciendo literatura, estás pintando monas.

         La literatura ha de ser de tesis, polémica, rompedora; de lo contrario no aporta nada a lo ya escrito. No es fácil ser original, lo sé... Bueno, pues no lo seas, pero jamás aburras al lector con los temas que te embelesan, porque a la hora de babear todos lo hacemos a nuestra manera.

         El problema radica en que el escritor que ha logrado aislar la tesis que defender frente a todos, puede encontrarse con la censura. Hoy esta no se halla tanto en las prohibiciones expresas como en las tácitas, o incluso en las autocensuras. Como siempre, desde que alguien aprendió a escribir o a cantar poemas, la literatura es censurada y el arte de escribir es el arte de sortear la censura.

         Cervantes tuvo que inventarse una cruzada literaria contra los libros de caballerías para que no lo quemaran, para que su personaje pudiera decir lo que le viniese en gana; eso sí que fue ingenioso. Cuando Flaubert  inventó a Madame Bobary, Quijote femenino de la pequeñoburguesía decimonónica, tuvo que idear un narrador indirecto para que el pensamiento de su heroína fluyera libre, con lo que inventó, nada menos que el estilo libre indirecto y, así y todo, lo procesaron. Torrente Ballester, sacó la Saga Fuga de JB con un estilo tan enrevesado y genial, y tan difícil para un simple, que el censor dijo que no merecía la pena ni analizar tal sandez, y pasó la obra el trámite por silencio administrativo.

         Claro que si, según nuestro ejemplo, te vas a enfrentar con los protocolos de educación de género en la enseñanza media, te van a crucificar antes de dejarte hablar. Pero, este oficio es así. Somos literatos, no pergeñadores de redacciones bonitas.

         La literatura ha de ser de tesis, o no pasará de floripondio. Es un pulso constante para ampliar la libertad humana, siempre acechada por censores y vigilada de cerca por todo poder que se precie.

         Ya tenemos un tema bien polémico: "la educación de género dirigida a adolescentes, que ha de ser separada por sexos para que sea eficaz". Que se prepare tu cuello para tanto lobo como se lanzará a por ti. Tendrás que tomar medidas preventivas.

         ¿Qué RETÓRICA, qué formas literarias se deberán utilizar para vestir al santo y para que parezca bacalao la pescadilla, para que remonte las quebrantas de la censura?

         Aquí es preciso que el escritor sepa algo de TEORÍA LITERARIA. ¿Qué es eso? Pues sencillamente conocer las figuras retóricas, saber de formas poéticas, conocer los instrumentos del oficio. Un pintor que no sepa mezclar colores, mal asunto. Un músico que no sepa leer partituras no puede componer ni "Los pollitos dicen...". No creo que haya que explicar mucho más sobre esto. La literatura es un arte como la pintura y la música.

         En nuestro ejemplo, quizá convenga que el narrador ─el personaje más importante─ utilice un tono desenfadado, popular, más cercano a los chicos objeto de educación de género. También puede propiciar elementos ambientales que denoten tensión y cierta violencia en las aulas, lo que se plasmará en la forma de describir con tintes fríos, con sonidos estridentes. Los personajes pueden seguir un patrón de comportamiento rudo. El supermercado de la retórica está repleto de productos de camuflaje para utilizar en cada caso; hay que conocer el estante donde se encuentran.

         En fin, el escritor colocará en el carrete de la retórica el instrumental que pretende utilizar, que más le vaya al tema elegido, tan conflictivo.

         La PERIPECIA es el último elemento a considerar. Hay que trazar un plan narrativo: una sucesión de acontecimientos (diégesis) y una organización de los mismos (trama). Es preciso diseñar los personajes: quizá una profesora jovencita que deba hablarles de sexo a chavalonas y chavalones de un barrio marginal. Tendrá que determinar lo que le sucede y cómo le sucede, y cómo se va a contar. También tendrá que decidir cómo lo cuenta, qué va primero en la relación, qué se intercalará. El desarrollo, en fin, de los acontecimientos. Y, como es natural, el autor confeccionará un guión, una escaleta, un esquema para avanzar. Todo esto lo meterá en el carrete que hemos llamado "peripecia".

         Y no tiene que hacer más. Si los tres carretes están bien cargados, bien abastecidos de material narrativo, soltará cada uno su hilo y el escritor, sentado en el telar, tomará uno, lo atará a otro, lo pondrá en el bastidor, lo pasará por la devanadera, lo enlazará, lo resaltará, lo atenuará, lo modulará y con ellos, imbricados unos en otros, bien maridada la forma con el fondo y con el tema, se formará centímetro a centímetro el tejido, párrafo a párrafo la novela.

         Que no se apure el escritor de más. A medida que escriba, a medida que avance la confección de la tela, los mismos elementos narrativos le darán cuenta del relato que, al final, no se parecerá en nada a lo que planeó.

         Eso sí, para hacer este trabajo con solvencia se requieren dos condiciones: una haber vivido mucho, porque la mayor parte de los hilos que utilizamos en este extraño tejido proceden de nuestra experiencia vital, incluso son sombras autobiográficas. ¿Escritores de menos de cincuenta?... Bueno, sí, quizá puedan contarnos algo, no sé, pero a partir de los cincuenta llega la madurez narrativa. De hecho es la edad de las grandes creaciones.

         Hay otra condición. El escritor ha de llevar en sus espaldas muchas lecturas, pero no lecturas amontonadas, a trágala perro, porque yo soy todo un devorador de libros... No, no es esa la idea, ese tipo de lectura aficionada no sirve para el profesional. El escritor ha de leer a los grandes con detenimiento, con el dedo siguiendo la línea si quiere, en voz alta y con paradas para saber cómo este autor, o aquel, cómo los genios han llenado sus carretes: el del tema, el de la retórica, el de la peripecia.

         A este trabajo de investigación y seguimiento se llama CRÍTICA LITERARIA.

NO BUSQUES MÁS. ¡REGALA "CANTÁBRICA" AL GÜELU!

 ¿No se te había ocurrido? Son tres tomos: uno para el Güelu, que tantas historias sobre Cantabria les contaba de niños.  Los otros dos tomo...