martes, 26 de agosto de 2025

CANTÁBRICA, UN MANUAL MITOLÓGICO PARA ESCRITORES Y UNA PROPUESTA TEATRAL PARA LOS CORRALES DE BUELNA

 


 

Tolkien no escribía para sí mismo, no se guardaba su creación, no la cerraba bajo candados de "copyright", sino que la puso a disposición del público. Manifestó en múltiples ocasiones que sus personajes estaban ahí, viviendo en el éter, para uso de cuantos escritores precisaran un cuerpo mitológico en sus obras. Cualquiera podría usar los elfos, e insertarlos en las historias que crease.

         Esa era su ambición, que su obra, especialmente el Silmarilión, se convirtiera en el libro que faltaba en la cultura céltica de las Islas. Los galeses poseían el Mabinogión, los irlandeses el Lebal Gabala, el Libro de las Invasiones, pero los ingleses nada tenían, ni una triste crónica. Por eso Tolkien sacó de la nada este Silmarilión, el cual brotó de principio a fin de su fértil imaginación. Por eso aspiraba a que fuera un referente para los nuevos creadores. Si un escritor podía entresacar una leyenda del Mabinogión o del Lebal Gabala, ¿por qué no obtener materiales del libro de mitología inglesa, el Silmarilión, por él creado, pese a que fuera fruto de la literatura, como por otra parte lo es toda mitología?

         No afirmaba el autor inglés que permitía que lo plagiasen, sino que ponía sus ideas a disposición de todos. El plagio radica en la copia global del fondo y de la forma, especialmente de la forma. Si usted copia mi texto me plagia, pero las ideas, una vez vertidas en el caudal de la literatura, son apropiables por cualquiera. De lo contrario, las letras no avanzarían, ni el pensamiento original, ni siquiera la ciencia, y quizá esta menos que cualquier otra actividad intelectual humana.

         Escribimos siempre sobre imaginaciones de otros, sobre un magma literario incandescente que reside en las calderas de nuestros interiores; los escritos de los demás son el humus del que se alimenta nuestra creatividad.

         Un caso cercano es el vasco. Cuando José Miguel Barandiarán publicó su famoso Diccionario Ilustrado de Mitología Vasca, en el que recogía las leyendas que, supuestamente, había tomado de la tradición oral, caserío a caserío, hizo una recomendación a sus lectores y a todos los escritores que en el futuro trataran aquel tema: que escribieran lo que quisieran, que lo basasen en su obra si lo deseaban, pero que mantuvieran el hilo conductor argumental de las leyendas, tal y como él había reflejado en su obra, de manera que se creara un cuerpo de relatos canónico que fuera referente de la mitología vasca.

         Lo cierto fue que así lo hicieron todos los escritores vascos ─como siguiendo una consigna paterna─, y hoy día, las dispersas informaciones mitológicas obtenidas de la tradición oral mediante el trabajo de campo del entusiasta sacerdote, insertadas en el Diccionario, son ejes mitológicos consolidados, y hasta se estudian como verdades consagradas en la Universidad del País Vasco, donde se llega a recrear toda una "teología académica" en torno a la Diosa, a Andramari.

         Tendremos que suponer, lo cual cuesta bastante a nuestro raciocinio, que las bellas estampas del Diccionario fueron sacadas sin elaboración compiladora y sistematizadora e incluso creadora, de Barandiarán y de su equipo, porque entendemos que toda mitología tiene su origen en la literatura, y que el sustrato de transmisión oral es disperso, débil y descohesionado, por lo que precisa unificación, fuerza y cohesión para su desarrollo,  lo que no puede lograrse sin la intervención creadora, activa y literaria del compilador. Pero, en fin, muertos los comunicadores del trabajo de campo, por mucho que en él se les cite con nombres y apellidos, sólo queda la palabra de los compiladores, ¡y es tan tentador crear toda una mitología y decir que se ha sacado del mismo campo, del carro tirado por bueyes desbordante de heno, del robledal parlante, de la fuente mágica! Tal trabajo complementador sería comprensible, muy humano y llevado a cabo sin mala intención, por supuesto. Esto no quiere decir que dudemos de la palabra de Barandiarán, autoridad de autoridades, ¡estaría bueno!

         En "Cantábrica, la Gran Enciclopedia del Solar Cántabro", sin tanta ambición como los vascos y sin la maestría de Tolkien, también se pretende ofrecer al escritor un catálogo de leyendas, de fundamentos mitológicos, una cosmogonía, una teogonía y una teomaquia, un relato completo y cerrado que pueden utilizar en sus obras como fondo mitológico común y como elemento de ambientación.

         La ambientación en una novela histórica es un elemento narrativo de gran importancia. Si queremos escribir una escena medieval con lenguaje moderno, debemos tener en cuenta que el hombre de aquellos tiempos era profundamente religioso, y la religión ha de estar presente en frases, en leyendas de fondo, en formas de expresión. El cristianismo nos ofrece todo un catálogo de materiales lingüísticos y conceptuales que, en boca de los personajes, generarán un ambiente adecuado. La religión es una parte importante del atrezo de una obra literaria.

         Por eso, "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro" ofrece a los escritores un completo panorama mitológico de la sociedad cántabra de los tiempos del Hierro. Podríamos decir que es un manual a disposición de los escritores. Se siguen así los pasos de Tolkien y de Barandiarán, casi nada.

         Claro, que siempre será de agradecer una mención, una nota a pie de página, un agradecimiento, una referencia a este autor y a su obra, aunque sea leve y como de pasada, pues cede sus ideas a la comunidad, lo que es decir poco, pues si son valiosas serán tomadas con o sin su consentimiento, es ley literaria ineludible.

         Y, ya que vamos a presentar esta obra en Los Corrales de Buelna, vista la extraordinaria labor que la Asociación de Guerras Cántabras ha desarrollado durante los últimos 25 años, la cual no es estática ni mucho menos, sino que evoluciona en espiral, conviene avisar de que la mayor parte de los relatos que en "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro" se insertan, SON REPRESENTABLES EN FORMATO DE PIEZA TEATRAL.

         Son cientos de nuevas leyendas cántabras obtenidas de la mitología comparada, de mitemas compartidos con otros pueblos celtibéricos, de relatos fantásticos y mitológicos que pueden servir en su gran representación de las Guerras.

         Imaginemos que las tribus cántabras de Los Corrales acuerden que cada una interprete una pieza teatral inspirada en "Cantábrica". Se trataría de obras cortas y sencillas, de contenido mitológico. Son tantas las piezas que se ofrecen en los tres tomos de la obra, que se tendría para varios años, sin repeticiones. Al tiempo, los romanos podrían representar, legión a legión, elementos de la rica mitología grecolatina.

         Un diseño teatral de esos cortos, sería fácilmente representable por niños y jóvenes, con lo que se dispondría de una novedad renovable año a año, un aliciente más para la participación ciudadana, un baño de experiencia teatral ─la primera de las manifestaciones literarias─ y un enriquecimiento del festejo.

         Esta idea bien puede ser una bobada. En tal caso, téngase por no puesta, aunque por expresarla nada se pierde, quién sabe, quizá sirva para algo. Quedo con mi "Cantábrica" a disposición de los organizadores de Guerras para lo que deseen en este sentido.

         Nos vemos en Los Corrales el viernes 29 a las 7 de la tarde, donde presentaremos "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro".

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