Fue un acto divertido. La
presentación de "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro" se
celebró en la Carpa de Protocolo de Las Guerras Cántabras el 29 de agosto de
2025. Javier Tazón hablaba por primera vez en público después de cinco años, el
tiempo que le llevó escribir la obra llamada a revolucionar la mitología de
Cantabria.
Tras las típicas incidencias con los artilugios
audiovisuales, que si falta el puerto de no sé qué, que si el mando no tiene
pilas, que a ver cómo nos manejamos con el Power Point y todas esas zarandajas
inevitables, que se solucionaron gracias al buen hacer de los técnicos de la
organización, inspirados sin duda por Erudino, comenzó la charla.
El reducido espacio se llenó, se petó casi, como dicen ahora
porque, además de lo atractivo del tema, empezó a llover y, claro, algunos
prefirieron asubiarse; además, el orador peroraba como un senador romano.
Estaban, pues, presentes el escritor, la Editorial Epona, una
representante de la Asociación de Guerras Cántabras, el público sentado en
bancos corridos y los dioses que flotaban en el éter, según pronto verificamos.
El hecho de enviar la lluvia para rellenar no fue mala operación de la
Innominada.
Pero, es que, en mitad de la charla, algún Trenti invisible,
de esos que ayudan en el bosque a Obelégino y a Casinus, saboteó uno de los
bancos, este perdió estabilidad y, de repente, todos los que estaban sentados
en él cayeron de espaldas. ¡Como lo oyes, lector! Patas arriba. Se los vio caer
como a cámara lenta , ahora estaban las cabezas atentas y fieles a lo que se
decía, ahora eran los pies levantados que pateaban.
Buen trompazo, pero nadie se hizo daño. Este fue el cuarto
milagro, obra sin duda de Cabuniégino, el dios sanador que quiso gastar una
broma, quizá porque viera al orador algo tenso, pues desde hacía cinco años no
dirigía la palabra al público y, a partir del gracioso hecho en el que no se
produjo ninguna desgracia, todo fue sobre ruedas y la magia de la oratoria cayó
como nieve mansa sobre el auditorio. Se despertó el cuentacuentos que había en el
viejo escritor.
Pero, la intervención divina no acabó ahí pues, por
megafonía anunciaron que se había extraviado una perrita que respondía por el
nombre de Deva. ¡Qué casualidad, como la diosa creadora! Se hizo el comentario
y se siguió con el relato de "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar
Cántabro", y resulta que, al cabo de un tiempo, justo en el momento en que
una de las imágenes del Power Point reflejaba una escena de varios cántabros en
asamblea, en medio de ellos apareció una
perrita, justo en el momento en que por los altavoces se volvía a decir que se
comunicaba la aparición de la perdida Deva. No es que pasara de callejear al
retablo, pues la imagen había sido diseñada de antemano con perrita incluida,
pero no deja de ser curiosa la casualidad.
Podrá decirse que todo esto son coincidencias, que Erudino, la
Innominada, Obelégino, Casinus, los Trenti, Cabuniégino y Deva no existen, que
son invención humana y, ahora, encima, meros personajes literarios, y que estos
no tienen virtualidad, que no son operativos. Lo que se quiera, pero el
ambiente mágico estaba ahí.
Además, por lo que me dijo la buena gente de la Editorial
Epona, las ventas no estuvieron mal, y lo que es más importante, con tendencia del
público a adquirir la trilogía completa, más que por tomos separados. ¿Un nuevo
milagro, esta vez de la diosa Salus Coventina? No es imposible, ¡qué hacer!
En fin, después de cinco años, la vieja locomotora vuelve a
mover las bielas. Ya el tren avanza con lentitud y deja atrás el andén.
"Gratias agamus diis, qui non sunt, sed adsunt cum opus
est" (Salustio. De Vita Deorum III, 25), lo que en román paladino
significa: "Demos gracias a los dioses, que no existen, pero están cuando
se los necesita".
Los Corrales, parada obligada por protocolo sentimental.
Ahora, la próxima estación: "Santander".

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