En el Tomo 3 de Cantábrica,
«Guerras Cantabras y Metamorfosis», el protagonista es sometido a una dura prueba. Ha de
hermanarse con el lobo, al que se enfrentará en completa actitud de
inmovilidad. Se inserta un párrafo del primer capítulo de la novela «Guerras
Cántabras», en la que los dioses comunican al joven cuál será el futuro
personal y el de su patria y le describen, fase a fase el desarrollo, en una
narración de futuro de la contienda contra Roma.
«La
carrera de la jauría es un río de aguas aulladoras que se desparrama sobre el
claro del bosque, el németon sagrado.
Brotó de la Luna llena cuando esta, recién nacida, tocó por un instante la
línea del horizonte, ya se ha dicho. ¿Acabarán con el joven en la noche misma
de la ceremonia de su iniciación? Qué orgullosa se sentiría su madre de poder
verlo inmóvil, vacío de miedo, en el centro del bosque sagrado a la espera de
la dentellada fatal.
Fatal
porque nadie los detendrá... Ya llegan... ¿Quién podrá enfrentarse a los hijos
recién paridos por la Luna? Ya caen... ¿Por qué el muchacho permanece
impasible? Ya muerden... ¿Será Coronoego el nuevo Cernuno, el nuevo Nemedo
Sediago que sigue sentado en el claro del bosque, en la quietud en donde
habitan los dioses mientras sopla la tormenta, mientras gritan su nombre los
ladridos, mientras sangran los colmillos ansiosos de su cuello?... Ya percibe
las acezantes respiraciones en su espalda, y ni se mueve... Ya percibe el
brillo lunar de los colmillos... ¿Asombrosa su sensibilidad?... ¿Se volverá?,
¿gritará?, ¿huirá?... Ni un movimiento. Es una roca humana, ¿cómo es posible?,
¿cuándo creció y se convirtió en héroe?»

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