La Mitología de Cantabria como nunca te la han contado... Donde la historia se narra como presente y lo actual como historia. Donde la mitología se relata como religión y la religión como mitología.
lunes, 15 de septiembre de 2025
ISIDRO CICERO PRESENTARÁ LA OBRA DE TAZÓN EN ADIC
Dos hombres de parecida
edad, veteranos de guerras y encrucijadas, se verán mañana, día 17 en ADIC, a
las 7 de la tarde, para presentar la obra «Cantábrica, la Gran Epopeya del
Solar Cántabro»: Isidro Cicero y Javier Tazón.
El
primero, Isidro Cicero, es el autor del
famoso VINDIO, punto de referencia de la literatura infantil de los años
ochenta. Abrió el camino. Bajó al ruedo literario a los personajes de Llano y
de García Lomas. Pobló la imaginación de dos generaciones ─la de los niños a
quienes sus padres les leían la obra por las noches, y la de los padres mismos─
con seres de fantasía, con imágenes de resistencia frente al invasor romano y con
amor a Cantabria. La publicación de Vindio fue uno de los pilares básicos para
que se forjara, en un momento más que oportuno, la identidad cántabra.
El segundo, Javier Tazón, es autor de
«Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro», obra ciclópea, de tres tomos,
que con cincuenta años de retraso pretende ser continuadora del Vindio, aunque en
formato por completo diferente. En ella se ofrece una mitología cántabra para
adultos, completa, cerrada, redonda, algo que no se ha hecho nunca en Cantabria
ni en España: la construcción de todo un universo mítico a partir de la
mitología comparada y de todo tipo de relatos provenientes de las más diversas
culturas indoeuropeas, en un alarde narrativo que hace descender al panteón
cántabro al terreno del relato, de la geografía, de la historia, que eleva el
mito a la categoría de leyenda épica.
Será
un encuentro histórico.
domingo, 14 de septiembre de 2025
ADIC, REFERENTE DE LA IDENTIDAD CÁNTABRA
En aquellos tiempos, ya tan lejanos, de los años setenta,
dentro del marco del estado de las autonomías, surgieron en Cantabria dos
alternativas por completo enfrentadas: la de lograr una región uniprovincial
para Cantabria y la de la integración de Cantabria en Castilla.
La primera era postulada por la Asociación para la Defensa
de los Intereses de Cantabria, ADIC. La segunda por la Asociación de Cantabria
en Castilla, ACECA.
A los que propugnaban la autonomía independiente, como
Cantabria, se los llamó "Cantabristas", y "Castellanistas"
a quienes defendían la idea de Cantabria en Castilla. Había una tercera vía,
por completo minoritaria que consideraba la fantástica alternativa de construir
una comunidad multiprovincial junto con Asturias, los asturianistas, a la que
yo me adscribía: cuatro monos.
De alguna manera, el advenimiento del estado de las
autonomías nos cogió a los cántabros con el paso cambiado. Era preciso tomar
una decisión y se polarizaron los ánimos. El cantabrismo trascendió a ADIC y colonizó
a la izquierda, mientras que el castellanismo brilló durante un tiempo entre
las buenas gentes de derechas que veían lo castellano como, digamos que
"más español".
Pero la lucha duró poco. Desde alguna instancia superior a
las derechas y a las izquierdas, desde ese lugar selecto en el que no rige
ideología alguna que no sea la del dinero, desde el Parnaso del poder económico
donde habitan los dioses inmortales de lo contingente, se optó por el
cantabrismo.
Por una parte, se creó una autonomía aislada de dos polos de
difícil asimilación para el poder económico: Asturias y el País Vasco, al
tiempo que se cortaba de raíz un movimiento secesionista hipotético y futuro de
Cantabria con respecto a Castilla. Era forzado eso de que la región
perteneciera a Castilla y León, fuente de posibles conflictos que convenía
evitar.
La revuelta, el inconformismo y hasta la secesión eran
enemigos que se habían de mantener alejados, "ad cautelam", del
corral donde comían su ambrosía con tenedores de oro los dioses inalcanzables.
No sé si se me entiende con tanta metáfora, espero que sí.
Cantabria se diseñó como la comunidad que actualmente es por
el interés de unas fuerzas económicas por completo predecibles: serviría de cortafuegos
en el Cantábrico frente a posibles incendios sociales.
Sólo así se entiende el escaso recorrido que tuvo la ACECA,
organismo claramente de derechas, en una región en la que esta ideología fue
siempre preponderante.
Y la derecha, tras ciertos ajustes políticos, optó también
por el cantabrismo, entendido siempre como aquel movimiento que propugnaba la
construcción de una autonomía uniprovincial.
Cuando advino, por fin, la autonomía para Cantabria, el término
"cantabrismo" quedó recluido al ámbito minoritario y pasó a significar
"movimiento que fomenta la identidad de las gentes de Cantabria como
cántabros". Quedó circunscrito al ámbito de ADIC y de una corriente
política entonces minoritaria, el PRC, que surgió en el seno de ADIC, pero que
era por completo diferente a esta asociación.
Todos habían aceptado la autonomía de Cantabria en formato
uniprovincial por conveniencia, o quizá por imposición latente, sugerente,
insinuada, pero no por eso menos imperativa. Sólo ADIC mantuvo su esencia.
Una de sus grandes creaciones fue "El Día Infantil de
Cantabria" que resultó clave en esa construcción de la identidad cántabra.
Todos los primeros domingos de junio, la organización bajaba al Palacio de la
Magdalena a los personajes de Manuel Llano y de Adriano García Lomas. También
acudían los jóvenes padres con su prole que si no era numerosa, sí considerable:
dos o incluso tres hijos por pareja.
Es decir, acudieron los integrantes del "babyboom"
junto con sus cachorros, los que terminaron siendo "milenials", y dos
generaciones disfrutaron con un nuevo mundo mitológico, y aprendieron a amar al
terruño de manera diferente. Y, si, de alguna manera se sentían montañeses, de
la Tierruca, trascendieron este concepto y se elevaron a la condición de
cántabros. Si hasta entonces los montañeses eran hijos de hidalgos, como
cántabros, llegaron a ser herederos de un legado inmortal, el de la Cantabria
resistente.
Enmarcaron su existencia como pueblo en un pasado heroico y
mitológico, y a las tonadas montañesas de toda la vida añadieron el amor por
los mitos y por el marco de heroica defensa de su independencia mantenida por los
antepasados remotos. Así, proliferaron los libros de divulgación mitológica e
histórica en los que se basaba "lo cántabro", recuperación del ropaje
de los antepasados, evolución natural de "lo montañés".
Pasados los años, los mismos hijos de los fundadores de la
ACECA, las gentes más adictas al extinto régimen franquista, sin cuestionar la
autonomía de Cantabria, al menos sobre el papel, buscaron fomentar un
enfrentamiento de lo "tradicional español" frente a quienes
propugnaban la idea de Cantabria.
Así, defendieron estos nuevos adalides de la ACECA rediviva,
contra viento y marea, el viejo nombre de LA MONTAÑA, pues lo vieron menos identitario,
más español, menos diferenciado, y reivindicaron el concepto de montañés frente
al concepto de cántabro.
Era la eterna táctica del divide y vencerás, del robo de
banderas, porque jamás hubo división entre lo montañés y lo cántabro. Siempre
fueron dos caras de una misma moneda. Y, ruego a los dioses de Cantabria y a
los antepasados hidalgos de la Montaña, esos que velan por nosotros desde el
Sid o desde el Cielo, como quieran, que no permitan tal división, y que los
cantabristas actuales, aquellas gentes de buena voluntad que buscan subrayar la
identidad de su pueblo, no caigan en la trampa de rechazar lo montañés, pues
este concepto tiene la misma fuerza identitaria que lo cántabro y es patrimonio
de toda la comunidad.
Se quiera o no, somos cántabros y montañeses, le pese a
quien le pese. Y, sobre esas dos identidades perfectamente compatibles, somos
españoles, y podemos pertenecer a una cofradía también, y sentirnos
santanderinos o torrelaveguenses, y socios del Racing o de la Gimnástica.
Todas esas identidades acumuladas no son sólo compatibles,
sino que, además, son lo natural. Las identidades compartidas fundamentan la
convivencia. Ser cántabros, montañeses, santanderinos, españoles no son términos incompatibles, sino
complementarios.
No podemos regalar el término "montañés" y
"La Montaña" a los hijos de los viejos mandarines de la extinta,
difunta y enterrada ACECA.
Por esa razón presentamos "Cantábrica, la Gran Epopeya
del Solar Cántabro" en Adic, para dar el pistoletazo de salida a un proyecto
proteico que pretende fomentar lo cántabro, sin detrimento de cualquier otra
identidad compatible y no excluyente, porque el ser humano es un puzle de
identidades.
Además, cuantas más mejor, de manera que centrados en todas
esas nuestras diversas caras, logremos frenar el disgregante individualismo
fomentado por tierra, mar y aire, por los móviles, por las grandes superficies
de las que ya dependemos para subsistir, por los viajes turísticos a
hormigueros degradados, por la globalización, en fin, que quiere convertir a
los ciudadanos en meros consumidores individuales y aislados.
"Cantábrica" pretende ser un antídoto literario
contra todo esto.
jueves, 11 de septiembre de 2025
EN LAS PRESENTACIONES DE "CANTÁBRICA" PROCURAMOS NO ABURRIR AL PÚBLICO
La próxima semana, el
miércoles 17, a las 7 de la tarde, nos veremos en ADIC, símbolo de los símbolos
en la formación de la identidad cántabra. Presentará la obra otro símbolo donde
los haya, Isidro Cicero, padre putativo del Vindio.
La estructura de mi charla, nada tendrá que ver con la que
di en Los Corrales de Buelna hace unos días, y nada tendrá que ver con la
presentación para la Biblioteca Central de Santander, a las 7 de la tarde del 1
de octubre. Como también serán diferentes las presentaciones que hagamos en su
día en Reinosa, en Silió o en Cangas.
En relación con Cantábrica no rige eso de "vista una
presentación, vistas todas", porque les garantizo que cada una será
diferente. ¿No se atreven con el libro? No pasa nada, acudan y escuchen,
repitan cuantas veces sea necesario, aprenderán algo siempre, seguro.
La palabra en formato oral sustituirá a la palabra en
formato escrito. En papel ya está redactada, ahora ha de continuarse su
redacción en el aire. «Cantábrica», como la lucha entre la Luz y la Oscuridad,
siempre se renovará, siempre se reconstruirá en nuestras mentes a medida que
escuchemos hablar de ella.
Mi idea es la de esforzarme por no aburrir al público,
obligación básica de todo escritor. Tire mi obra a la basura, no tenga piedad
con ella, recíclela aquel al que aburra por causas imputables a este escritor.
Diferente será que la somnolencia les venga por otros motivos, como el escaso
hábito de lectura, la falta de vocabulario o cierta modorra intelectual. En la
literatura nada se aprende, pese a lo que dicen, a ella hay que llegar leído y
estudiado. El trabajo del lector es prepararse para la ardua labor de la
lectura. El del escritor es no aburrir. Yo procuraré cumplir con mi parte del
trato.
Una obra que es original tanto en la forma como en el fondo,
no es nunca bien admitida porque el público tiende a asumir sólo aquello a lo
que está acostumbrado. Es la "teoría de la inercia", de la que en
algún recodo de mis presentaciones les hablaré.
Por eso hay que tocar todos los palos con paciencia. Llamar
a todas las puertas. Presentarse en todos los municipios y hablar sin descanso
de ella es la consigna, a fin de abrir de par en par las ingles de la cultura
cántabra, de manera que termine por parir a esta nueva criatura gestada en su
seno. ¡Saquémosla con forceps si es preciso, pues es muy novedosa!
¡Que Erudino, dios de la sabiduría práctica, nos sea
propicio, y que la vida nos sea leve!
domingo, 7 de septiembre de 2025
EL LARGO CAMINO QUE ME ESPERA
Largo es el camino, pindias
las cuestas, arriscados los cordales, grandes y pequeños los castros a coronar,
los pueblos que visitar, interminables las historias que narrar y abundantes
los afectados por la modorra mental que sanar. Sacad los enfermos a las
encrucijadas, cántabros nuevos, de manera que en cuanto los divise pueda curarlos
con unas lecturas de "Cantábrica"; no podemos dejar dolientes a
retaguardia, pues la abulia mental es enfermedad penosa, me consta.
Tengo previsto recorrer el Solar Cántabro de alto a bajo, y
eso llevará su tiempo. No queda otro camino. Lo demás son atajos.
Cuando se ha escrito una obra que reúne en sí las virtudes
de lo novedoso, cuando ha sido tocada por la santa originalidad en lo referente
tanto a la forma como al fondo, su futuro es por completo triste, oscuro,
negativo y difuso.
Esto es así porque resulta muy costoso superar el peso de lo
añejo y caduco, porque contra lo nuevo se conjuran en santa jauría la inercia
despersonalizadora, la rabia del conformismo, el desprecio de lo asentado, la
envidia, esa forma tan macabra de admiración y, encima, en esta tierra de
"ucálitos", hay que contar con el "tontintolín" patrio,
término onomatopéyico más que gráfico del sonido que producen las ideas de los
culturetas cuando chocan entre sí en sus patinajes mentales. Quiero decir, en
definitiva, que son muchos los obstáculos a superar.
Las obras perecederas se presentan en el Centro Botín, en el
Hotel Bahía o en la Fundación, en lugares, en fin, donde el aspecto mercantil,
de producto, pueda resaltarse. Para las obras de calidad, en tiempos en los que
el hábito de la lectura no es precisamente un coloso, no cabe más que ir de
puerta en puerta, el ir de pueblo en pueblo. No es sólo un libro lo que se
promociona, es una idea.
Merecerá la pena porque la obra trasciende a su autor. Este
podría dejarla morir en Amazon, como hizo con otras de las suyas a fin de
eliminar de su casa la maldición de las novelas guardadas en el cajón, pero un
dios se le apareció en la cima de Montehano y le dijo que ni se le ocurriera,
que él, como escritor tenía el futuro cantado ─y le hizo una pedorreta en la
cara como explicación complementaria, aunque suficientemente expresiva─, para
concluir diciendo: pero tu obra, santanderino bueno, esa que has parido en tres
tomos durante un lustro, a la edad de nueve años ocho veces, tiene mejor futuro
que tú, lo merece con creces y debes predicarla como un druida viajero, y,
mira, piénsalo, quizá lo seas. Conviértete en personaje, Javier, dijo el dios,
y promociona la obra. El escritor me comentó que sospechaba que aquella
divinidad gritona fuera Erudino, quizá por su acento de Torrelavega.
Como cualquiera puede imaginar, Javier alucinaba en
presencia de aquel ser fulgurante, sin rostro, con cierto tono de mal café y un
sí es no es de cachondeo. Y se le salieron los ojos, casi, de las órbitas al
infeliz, de tan abiertos como los tenía, cuando el dios le dijo, además
insistiendo por tres veces, como suelen hacer todos los dioses cuando no quieren que se les discuta,
que un precepto le imponía para el éxito, a largo plazo, de su misión
apostólica y promocional de los viejos dioses en el presente, y era que nunca
aburriera al auditorio.
Estas fueron sus palabras: nunca aburras al auditorio, Javier; nunca aburras al auditorio, narrador;
nunca aburras al auditorio, druida viajero.
Entendió muy bien el mensaje el escritor. Quería decirle
Erudino que las presentaciones fueran todas diferentes, adaptadas al terreno,
cambiantes, de manera que quien le hubiera oído una vez supiera que a la
segunda tendría sus novedades, y que quien escuchara su discurso cien veces,
esperase la ciento uno. Lo comprendió de forma intuitiva, sin duda Erudino
había tocado su inteligencia, esa que llevaba bajo el sombrero de copa, a veces
tan retráctil como el saludable órgano de un oso viejo tras culminar la faena a
que lo invitara la osa coqueta.
Pero, necesitaré... balbuceó. Sí, ya sé, cortó el dios, un
compañero, pues mira, dijo y señaló hacia un bardal cercano donde se proveía de
hierba fresca un burro africano. Ahí lo tienes. En ese instante el asno rebuznó
y su sonido triturador de ensoñaciones, lo volvió a la realidad. Bajó del monte
e inició, jinete sobre el noble animal, al que llamó Catalán, su andadura
misionera.
En fin, hasta aquí el cuento. Ahora la realidad.
Sepa el respetable público que en la presentación del
miércoles 17 de septiembre, a las 7 en ADIC, haré un discurso por completo
diferente al que hice en Los Corrales de Buelna.
Y sepa que será diferente al que haga en Reinosa, y al que
haga en Cangas, y al que haga en Tresviso, y al que haga en el Sid cuando por
fin llegue allí, donde el sol se pone ─espero que dentro de mucho tiempo─. Y,
si les gustó uno, les gustarán todos los demás. Vayan a Santander aunque ya asistieran
al acto de Los Corrales. Escucharán lo mismo, sí, pero dicho de otra manera.
No se trata de vender un libro, ¡no teman!, sino de
transmitir una idea, además, revolucionaria: ¡Los dioses existen literariamente
hablando! ¡Las Guerras Cántabras aún no han terminado ─dicho sea de forma
metafórica─ porque una rebelión más de esclavos se está preparando entre las
toperas, en el seno oscuro de los robles, en el viento provocado por el
movimiento en las orejas de una liebre, en la gota de leche que no termina de
caer del pezón de una vaca suiza recién ordeñada, en el silencio atronador que
produce en el bosque la hoja del roble que en septiembre cae al suelo.
Por eso, buenas gentes que me seguís, es probable que haga
menos inserciones en Facebook en las semanas que, como esta que empezamos,
tenga a la vista una actuación en un castro, pues habré de preparar bien mis
intervenciones para satisfacer al público que me espera, quizá una persona,
quizá tres y, cuando tal suceda, veréis cómo no se me cae la moral, sino que
diré, como el ilustre antropófago: ¡No importa, mañana venceremos!, y no
concluyo con un "así sea", sino con un "así será".
jueves, 4 de septiembre de 2025
LOS PASIEGOS Y LA COVADA
Ya hemos hablado de la famosa fake de la antigüedad que llamamos covada, cuando el hombre se encamaba nada más parir la esposa y era atendido por esta. La idea no pasa de majadería histórica. Así se expresa el asunto en «Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro», tomo 1, páginas 41 y 42. con un comentario de Gárate Arriola, personaje nada sospechoso de ser antivasco. Dice así:
«En
Cantabria Adriano García Lomas (García Lomas 1960 y 1999, 355 y ss.) afirma que
fue Lasaga Larreta quien hizo referencia de la costumbre de la Covada entre los
pasiegos, en sus Memorias, publicadas
en 1889, pero en ningún momento este autor torrelaveguense fue testigo directo
de tal hecho. No se olvide que era contemporáneo del debate sobre la covada
pirenaica, que tanto dio que hablar entre los estudiosos vascos, nacida de la
misma cita de Estrabón. En realidad, nunca escritor alguno vio personalmente el
extraño encamamiento del varón. Y es que resulta natural que para vincular a un
pueblo con el pasado heroico de los cántabros, se pretenda buscar apoyo en la
autoridad estraboniana, de manera que si los vascos o los pasiegos practicaron
en tiempos recientes la misma costumbre propia de los cántabros, de la que el
autor griego dejó constancia escrita, esos pueblos habrán de ser considerados
descendientes directos de los antiguos y legendarios combatientes, por eso
convenía esforzarse en la inventiva, comportamiento que no presupone mala
voluntad por parte del cronista, sino mera inocencia o, como máximo, voluntad
patriótica de acercar el ascua a su sardina. En fin, nos preguntamos cómo una
habladuría se ha convertido en una realidad mítica, ¿cómo es posible que tan
extravagante acción de encamarse el padre dando alaridos de parturienta y el
levantarse la mujer tras el parto a servirle haya cobrado carta de naturaleza?
Desde la época de Cristo hasta el siglo XVII, todo el mundo tenía que haber sido medio idiota, tanto en España como en Francia en sus siglos cultos, pues no conocieron tan divertido asunto Marcial, Quintiliano, Séneca, San Paulino, San Isidoro, ni Rodrigo Jiménez de Rada, que era vasco (Gárate Arriola 1975, 19)».
miércoles, 3 de septiembre de 2025
¿QUÉ EDAD PUEDE ALCANZAR UN DRUIDA?
Una niña le pregunta a Turo, el druida protagonista de «Tiempos del Hierro» (Tomo 2 de "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro, página 35) cuántos años tiene. Él, que quiere hacerse pasar por muy viejo, le cuenta la historia de sus años, para lo que se compara con un tejo. Están en el castro de Amaya, en Herrera de Pisuerga.
«Verás,
pequeña, te lo voy a contar de manera que lo entiendas. Un día, tras la fiesta
de Elembibios, cuando Lucobos
victorioso sobre la Oscuridad reina al fin, en la época en que Eburo obliga a
los tejos a fructificar, tomé una pequeña baya roja y la planté en el jardín de
mi casa, en Vellica. De ella nació un hermoso tejo. Cuando se hizo algo grande,
lo trasplanté al centro de la ciudad y allí creció hasta alcanzar la altura
suficiente y la frondosidad precisa para acoger bajo sus ramas a cien
guerreros. Luego, el tejo siguió creciendo hasta que sobresalió de las murallas
y era visto desde larga distancia, hasta el punto de que Vellica, mi patria,
fue conocida como la ciudad del tejo. Pero el árbol, como todo ser vivo,
terminó por secarse, ya me entiendes, porque tú también te secarás, niña.
Entonces los ancianos que gobernaban cuando el pobre árbol murió, me pidieron
que lo cortara, pues lo había sembrado con mis manos, de manera que quedase
libre la diosa que vivía en su interior. Eso hice y para no desperdiciar la
madera, construí cien barricas para vino, cien para zythos y cien para agua.
Pero, tanto se usaron que pese a estar hechas de madera de tejo terminaron por
estropearse. Entonces tomé las barricas, o lo que quedaba de ellas e hice otras
cien barricas de vino, otras cien de zythos y otras cien de agua, aunque más chicas.
Pero estas también terminaron por desaparecer, pues el tiempo todo lo tritura.
De ellas quedó sólo el polvo, y, de verdad, pequeña, no puedo decirte dónde ha
ido impulsado por el viento, pero te aseguro que yo vi la polvareda que se
levantó con lo que fueron barricas chicas, barricas grandes y tejo frondoso,
entremezclarse con los cascajos de roca, hojas de roble, cáscaras de bellota y
briznas de estrellas, porque todo esto lo vi yo, ¿entiendes ahora lo viejo que
soy?»
martes, 2 de septiembre de 2025
¿POR QUÉ PRESENTAR LA OBRA EN ADIC?
Por simbolismo, al igual que
la presentación en Los Corrales de Buelna.
"Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro"
es una obra repleta de símbolos y una titánica apuesta. Se apuesta por
reconstruir la mitología para ayudar a levantar la moral de un pueblo
avejentado y abatido, depauperado y, sin embargo, muelle en sus costumbres, en
su concepción del pasado, con un difuso y cada vez más minoritario sentimiento
de identidad.
No son pocos los que prefieren las luminosas y sureñas
sevillanas ─muy dignas por otra parte─, a los briosos cortejos del Pericote o a
las picardías de la jota montañesa a lo ligero y a lo pesado, a la Bailá de
Ibio o a la Vijanera de Silió. Por fortuna, aún resiste el folclore en los
pueblos de Cantabria, en las asociaciones de vecinos, en las jóvenes
agrupaciones de picayos, en las comisiones de fiestas, en los círculos más
profundos de nuestra geografía humana, toda una tragedia para los que pretenden
dividirnos.
Y Adic, la Asociación para la Defensa de los Intereses de
Cantabria fue clave en la construcción de esa identidad.
En 1975 "Cantabria" no existía. Nuestra tierra era
la "Provincia de Santander", como máximo "La Montaña". Sí
había federaciones "cántabras" de remo, ferreterías
"cántabras", orfeones "cántabros" y reminiscencias
significativas de un pasado común a
todos los pueblos de la provincia
santanderina. Pero "Cantabria" no existía. ADIC fue quien puso en
nuestra boca su nombre.
Ni siquiera se sabía ─salvo honrosas minorías─ quiénes eran
Manuel Llano o Adriano García Lomas, pese a que sus obras llevaban largas décadas
publicadas.
La celebración del Día Infantil de Cantabria fue el
pistoletazo de salida para la asunción de la identidad cántabra por dos
generaciones. Allá descubrieron nuestros hijos, y descubrimos nosotros como
padres, lo que eran los ojáncanos, las anjanas, los trentis, los trasgos, las
guajonas.
Luego vino la famosísima obra de Isidro Cicero, el Vindio,
que profundizó en el pasado glorioso de nuestra tierra. Antes de leerles a
nuestros hijos por la noche un capítulo de la obra, hacíamos una lectura
previa, e incluso nos documentábamos con Llano y con García Lomas, por si los
peques nos hacían preguntas. De esta manera entramos nosotros mismos en el
universo mitológico de Cantabria. Dos generaciones cosidas entre sí por el
Vindio.
Tras esta obra señera, vinieron las compilaciones de relatos
de Jesús García Preciado y los entrañables dibujos de Gustavo Cotera.
Estos fueron los pilares literarios y gráficos de la
formación de la identidad cántabra a partir de 1975 porque antes, ya digo, sólo
existía la Provincia de Santander. Y, no olvidemos que toda mitología ha tenido
su basamento en la literatura desde que Homero fue Homero.
Luego, vinieron los EPÍGONOS, los seguidores sin más, los
imitadores. La máquina de las editoriales profundizó en lo que estos autores
habían levantado y se repitieron sus modelos hasta la saciedad. Innumerables
fueron las publicaciones que sacaron a la luz nuevas versiones de lo mismo. Y,
la fuerza, el imponente impulso de esta literatura infantil, genial y muy a
propósito para que los jóvenes se identificasen con su tierra, quedó estancado
durante décadas.
Con «Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro»
pretendemos revertir este período de decadencia de la mitología cántabra,
dignificar la historia y convertirla en una fuerza imprescindible para que el cántabro se sienta vinculado a la
tierra, uno con sus hermanos y dispuesto a dar un paso atrás para mejor saltar
la sima del vacío, para que reflexione en el interior del németon sagrado, de
donde luego se levantará, restaurado su ánimo, y afrontará los retos, casi
insuperables, que el futuro le depara.
Por eso presentamos «Cantábrica» en ADIC. La humildad de su
establecimiento se compensará con el calor de sus gentes.
No es «Cantábrica» una obra fulgurante y pasajera, una
estrella fugaz en el mundo literario cántabro. Si lo fuera, preferiríamos
presentarla en la Fundación Botín, en el Hotel Bahía, en el Paraninfo de la
Magdalena, o en una carpa en Farolas, financiada con dinero público para
regodeo del "tontintolín" privado; la optimizaríamos económicamente y,
luego, a otra cosa de mayor relumbrón. Pero, por desgracia para nuestros
bolsillos, no es un producto mercantil, es un negocio ruinoso. La mitología
misma es una ruina, pero de las que permanecen por siglos, un viejo topo que
horada los pilares de la tierra.
«Cantábrica» es una
obra con la que habrá que patear casa por casa, municipio a municipio, que no
quede asociación vecinal sin escuchar este mensaje. Es una carrera de fondo. Un
esfuerzo que, sin duda trasciende a su autor quien, en realidad, nada espera de
la literatura, de la fama y del futuro ─ha vivido lo suficiente como para saber
que sólo se tiene lo que se toca aquí y ahora─ pero que procurará dedicar el
tiempo que le reste a promocionar esta obra que le trasciende, con el tesón del
caracol condenado a recorrer la tierra del Solar Cántabro, el vientre de gasterópodo
pegado al suelo, a la piedra, a la hierba.
Cuando un pueblo se aplica a transformarse y a transformar
la Historia, a afrontar los rudos retos que lo esperan, precisa revestirse del
ropaje de sus antepasados, asumir sus costumbres, desempolvar las hachas,
imitar su lenguaje para, con este disfraz de vejez venerable, sentirse
comunidad, verse identificado con sus vecinos para, todos juntos, transformarse
y transformar la Historia.
La idea es: frente a la globalización despersonalizante, la
identidad que vincula a los humanos entre sí; frente a quienes sólo pretenden
contar con consumidores aislados y débiles, crear lazos con los iguales, con
los idénticos. Eso significa identidad, nada más que eso. ¿Quién podrá contener
a un pueblo que canta, que baila y que comenta junto al fuego, entrelazadas sus
manos, las tradiciones y los relatos del pasado?
El folclore y la mitología son los talleres de costura de
los trajes y divisas que nos permitirán asaltar la historia o, por lo menos,
sobrevivir con dignidad, dejar de ser "homines ad servitutem paratus",
como decía Tito Livio que decía Tiberio al referirse a los mansos senadores de
Roma, lo que significa: "hombres predispuestos a la esclavitud".
lunes, 1 de septiembre de 2025
LICÁNTROPOS
En el Tomo 3 de Cantábrica,
«Guerras Cantabras y Metamorfosis», el protagonista es sometido a una dura prueba. Ha de
hermanarse con el lobo, al que se enfrentará en completa actitud de
inmovilidad. Se inserta un párrafo del primer capítulo de la novela «Guerras
Cántabras», en la que los dioses comunican al joven cuál será el futuro
personal y el de su patria y le describen, fase a fase el desarrollo, en una
narración de futuro de la contienda contra Roma.
«La
carrera de la jauría es un río de aguas aulladoras que se desparrama sobre el
claro del bosque, el németon sagrado.
Brotó de la Luna llena cuando esta, recién nacida, tocó por un instante la
línea del horizonte, ya se ha dicho. ¿Acabarán con el joven en la noche misma
de la ceremonia de su iniciación? Qué orgullosa se sentiría su madre de poder
verlo inmóvil, vacío de miedo, en el centro del bosque sagrado a la espera de
la dentellada fatal.
Fatal
porque nadie los detendrá... Ya llegan... ¿Quién podrá enfrentarse a los hijos
recién paridos por la Luna? Ya caen... ¿Por qué el muchacho permanece
impasible? Ya muerden... ¿Será Coronoego el nuevo Cernuno, el nuevo Nemedo
Sediago que sigue sentado en el claro del bosque, en la quietud en donde
habitan los dioses mientras sopla la tormenta, mientras gritan su nombre los
ladridos, mientras sangran los colmillos ansiosos de su cuello?... Ya percibe
las acezantes respiraciones en su espalda, y ni se mueve... Ya percibe el
brillo lunar de los colmillos... ¿Asombrosa su sensibilidad?... ¿Se volverá?,
¿gritará?, ¿huirá?... Ni un movimiento. Es una roca humana, ¿cómo es posible?,
¿cuándo creció y se convirtió en héroe?»
NO BUSQUES MÁS. ¡REGALA "CANTÁBRICA" AL GÜELU!
¿No se te había ocurrido? Son tres tomos: uno para el Güelu, que tantas historias sobre Cantabria les contaba de niños. Los otros dos tomo...
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