Una niña le pregunta a Turo, el druida protagonista de «Tiempos del Hierro» (Tomo 2 de "Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro, página 35) cuántos años tiene. Él, que quiere hacerse pasar por muy viejo, le cuenta la historia de sus años, para lo que se compara con un tejo. Están en el castro de Amaya, en Herrera de Pisuerga.
«Verás,
pequeña, te lo voy a contar de manera que lo entiendas. Un día, tras la fiesta
de Elembibios, cuando Lucobos
victorioso sobre la Oscuridad reina al fin, en la época en que Eburo obliga a
los tejos a fructificar, tomé una pequeña baya roja y la planté en el jardín de
mi casa, en Vellica. De ella nació un hermoso tejo. Cuando se hizo algo grande,
lo trasplanté al centro de la ciudad y allí creció hasta alcanzar la altura
suficiente y la frondosidad precisa para acoger bajo sus ramas a cien
guerreros. Luego, el tejo siguió creciendo hasta que sobresalió de las murallas
y era visto desde larga distancia, hasta el punto de que Vellica, mi patria,
fue conocida como la ciudad del tejo. Pero el árbol, como todo ser vivo,
terminó por secarse, ya me entiendes, porque tú también te secarás, niña.
Entonces los ancianos que gobernaban cuando el pobre árbol murió, me pidieron
que lo cortara, pues lo había sembrado con mis manos, de manera que quedase
libre la diosa que vivía en su interior. Eso hice y para no desperdiciar la
madera, construí cien barricas para vino, cien para zythos y cien para agua.
Pero, tanto se usaron que pese a estar hechas de madera de tejo terminaron por
estropearse. Entonces tomé las barricas, o lo que quedaba de ellas e hice otras
cien barricas de vino, otras cien de zythos y otras cien de agua, aunque más chicas.
Pero estas también terminaron por desaparecer, pues el tiempo todo lo tritura.
De ellas quedó sólo el polvo, y, de verdad, pequeña, no puedo decirte dónde ha
ido impulsado por el viento, pero te aseguro que yo vi la polvareda que se
levantó con lo que fueron barricas chicas, barricas grandes y tejo frondoso,
entremezclarse con los cascajos de roca, hojas de roble, cáscaras de bellota y
briznas de estrellas, porque todo esto lo vi yo, ¿entiendes ahora lo viejo que
soy?»

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