martes, 28 de octubre de 2025

ARGÜESO. UNA VOZ QUE CLAMA EN PLENO MONTE. NEGACIONISMO HISTORIOGRÁFICO Y MITOLOGÍA INFANTIL


 

En la presentación de «Cantábrica, la Gran Epopeya del Solar Cántabro» en el Castillo de Argüeso, el 24 de octubre de 2025, se empezó por hablar del neotérmino NEGACIONISMO. Este se definió como el rechazo de la evidencia o la certeza científica, y se dijo que era un concepto peyorativo y tendencioso, plagado de fakes y mentiras, como la existencia de gentes que niegan la evolución o la esfericidad de la tierra, de los que el conferenciante dijo no haber conocido a ninguno en su ya larga vida, por lo que creía que se trataba de una mera leyenda urbana, un instrumento para el insulto, para decir al contrario: eres negacionista, ergo, eres necio entre los necios, algo muy propio de la cultura del zasca. Y dijo que él no usa jamás esa palabra de la neolengua orweliana.

Pero sostuvo que sí existe un pernicioso negacionismo oficial que tiene el objetivo de transformar la realidad por sistema para imponer discursos que benefician a las élites, o para ridiculizar la evidencia.

Es el caso, afirmó, del negacionismo historiográfico, potenciado por las más elevadas instituciones culturales. Un negacionismo que se caracteriza por la minusvaloración de las Guerras Cántabras, a las que inserta en una mera voluntad propagandística de Octavio Augusto; por una ubicación de la contienda sólo en el Sur de Cantabria, en los grandes Oppida, porque el interior, según esa corriente seudocientífica aunque oficial, estaba casi deshabitado, o poblado por salvajes aislados y rudos; por sostener que los únicos civilizados eran los castros del sur, y más bien poco; por mantener que se produjo un exterminio definitivo del pueblo cántabro, con lo cual se abona la idea de que no tuvieron presencia posterior, que fueron un hecho heróico aislado y, por supuesto, se caracteriza por afirmar que no eran celtas. Todo ello sostenido desde los despachos, sin que las uñas de los negacionistas institucionales se manchen con el polvo de los yacimientos.

Con esto se niega la evidencia científica que, desde hace más de treinta años han desarrollado los arqueólogos profesionales independientes, según los cuales ―y lo han demostrado con creces―, las Guerras Cántabras fueron un acontecimiento bélico único en el mundo romano; se enmarcaron dentro de un complejo sistema geoestratégico; fue un conflicto en extremo duro, tanto en el sur de Cantabria como en el norte. Además, ha quedado claro que los cántabros no eran tan salvajes como la propaganda romana decía ―heredada por los voceros históricos del imperio― y que los resistentes sobrevivieron, por lo menos hasta el siglo VII. Decía Joaquín González Echegaray, afirmó, que esta gesta de mantener su cultura durante siete siglos no fue inferior a la de resistir con el brío que lo hicieron a las legiones romanas. Además, también queda claro que si no eran celtas, lo cual está por ver, sí estaban suficientemente celtizados.

Esta aportación científica que se niega por parte de algunos, está basada en la Arqueología de Guerra. En especial en la dinámica de combate de las legiones de Roma, constructoras de los esforzados “Castra aestiva”, campamentos que los legionarios construían cada día y demolían al siguiente ―en muchas ocasiones para que no cayeran en manos del enemigo―, pero que han servido para conocer gracias a los materiales perdidos y abandonados, por dónde fueron, cuántos eran, dónde encontraron resistencia y hasta cómo se desarrollaron las batallas. Las fuentes arqueológicas, dijo, han hablado con más fuerza que los textos de los autores latinos o, por lo menos, con mayor certeza geográfica, cronológica y secuencial.

Vino luego una interesante exposición sobre cómo se desarrollaron las fases del conflicto, la importancia de la guerra cantábrica en comparación con la guerra de la Galia de César, la geoestrategia de Augusto, que pretendía mover pieza en Cantabria para, luego, con la espalda marítima cubierta, poder invadir Germania tomada entre dos fuegos: el terrestre y el marítimo. Se habló de la semejanza entre la guerra del Vietnam para los americanos y las Guerras Cántabras para los romanos; sobre las tres columnas que penetraron en Cantabria en la campaña del 26 antes de Cristo; sobre la resistencia que encontraron; sobre la toma de los castros del poblado Valle del Híjar y sobre la dura lucha en la Cantabria ultramontana, de las Peñas al Mar.

Luego se trató el concepto de Epopeya y el de Espacio Épico, se distinguió entre ficción histórica actual y drama antiguo. Se definió, en fin, el espacio narrativo de “Cantábrica”, con una minuciosa exposición del contenido de la trilogía, con especial subrayado de los 19 capítulos dedicados al Sur de Cantabria, dentro de los cuales, diez se correspondían al Valle del Híjar, el entorno del Castillo de Argüeso.

Por último se comparó el enfoque ya tradicional desde hace treinta años de la mitología de Cantabria, basada en una literatura meramente infantil y no comprometida, con el dado por los vascos a su mitología ―de fundamentos técnicos e historiográficos no superiores a los cántabros―, con una vinculación coordinada, ordenada y sistematizada entre el mito y la historia. Mientras en Cantabria se ha hablado durante tanto tiempo de anjanucas graciosas, ojancanitos buenos y trasgus traviesos, en el País Vasco se ha enfocado la mitología en torno a temas como la fundación del Señorío de Vizcaya, con Jaún Zuría a la cabeza, las leyendas fundacionales de Aitor, la vinculación de la diosa madre, Amalur, con la casa de Haro y una presencia al máximo nivel institucional y cultural, como es la Universidad del País Vasco, donde hasta se trabajan líneas doctorales con tales materias.

Se propugnó la superación de la mitología infantil y no comprometida de Cantabria, tan a gusto de determinadas castas, por una mitología adulta, completa, redonda, cerrada, con base científica, vinculada al folclore y que persiguera la afirmación de la identidad cántabra. Vamos con cien años de retraso con respecto a los vecinos vascos, que no tienen más mérito histórico y arqueológico que nosotros, sostuvo.

Pero no una identidad inventada, creada y  generada para negar la singularidad de los demás. Se trataría de una identidad no nacida para imponerse, sino como lugar de encuentro para una oposición eficaz a los procesos disolventes de la globalización.

A diferencia de otras mitologías, recreadas como sacadas de los caseríos de hace dos mil años como si se tratara de realidades míticas actuales, la mitología que se propugna en “Cantábrica” es meramente literaria, basada en la fantástica, una lógica diferente a la científica, ni peor ni mejor, sólo diferente. Este aspecto de tratado LITERARIO de mitología, fue subrayado por el autor desde el comienzo mismo de la charla.

Al final del encuentro, este conoció a una persona que se presentó como fundadora del poblado cántabro de Argüeso, la cual manifestó su completo acuerdo con las tesis planteadas. El autor le preguntó por cuál creía que fuera la razón de la minusvaloración de lo cántabro por parte de determinadas instituciones. No cabe duda, respondió aquella persona, para que no se forme una identidad colectiva que ensalce el heroísmo de los antepasados.

Tanto el autor como los editores quedaron muy agradecidos a las personas que se desplazaron hasta tan remoto lugar de Cantabria desde Santander y desde Argoños, aparte de la masiva presencia de aguerridos reinosanos y reinosanas.

Todos saben ya, a estas alturas, que esta presentación de “Cantábrica” será irrepetible en contenido y en forma. Por eso se reseña aquí, para que quede constancia. Por eso se va formando ya un grupo de gentes que nos siguen. Por eso insistimos tanto y pateamos los caminos de Cantabria con esta obra que es más que una trilogía: es un mensaje para los tiempos futuros e inminentes.

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